Sallent de Gállego (España), (EFE).- Los miembros del
grupo mexicano Molotov hablan con orgullo de su pasado y no parecen
preocupados por su menor presencia mediática actual, pero reconocen
que están preparando «el regreso» con un álbum que verá la luz en
verano de 2011.
«La realidad es que nunca nos fuimos, pero nuestra discográfica lleva muchos años sin apoyarnos en absoluto y por eso no hemos hecho mucho ruido en la prensa a pesar de haber sacado varios discos», explica el batería Randy Ebright en una entrevista con Efe en la localidad oscense de Sallent de Gállego (noreste de España), donde
el grupo participa en el festival Pirineos-Sur.
Si las relaciones entre sellos y artistas no suelen
caracterizarse por la complicidad, en el caso de Molotov, a tenor de
las palabras de Micky Huidobro, se podría hablar de guerra abierta
entre ambas partes. «Estamos amarrados y atrapados hasta que
saquemos un nuevo álbum», explica el bajista de forma cristalina.
Parece que la consigna es el secretismo, así que los detalles
acerca del nuevo trabajo caen con cuentagotas: «Tenemos varias
canciones terminadas y ya hemos decidido el título, pero no vamos a
contar nada hasta que esté más cerca la fecha de publicación»,
asegura Huidobro.
En cualquier caso, Molotov se ha tomado con calma la elaboración
del que será su sexto álbum de estudio, puesto que las primeras
noticias al respecto datan de principios de 2009. «Le decíamos a
todo el mundo que estábamos componiendo, pero la verdad es que nos
tomamos un año sabático para recargar energías», confiesa Ebright.
El fruto de ese agotamiento bien podría ser el esfuerzo que
realizaron los Molotov para recomponer su imagen tras la edición de
«Eternamiente» (2007), un álbum con el que quisieron dar «una
lección a la prensa mexicana».
«Los medios de nuestro país son muy sensacionalistas y nos han
separado unas quince veces, así que decidimos darles un poco de su
propia medicina. Anunciamos que la banda se disolvía, pero todo fue
una mentira para dejarles en bragas cuando sacáramos el disco»,
recuerda Huidobro.
La separación en sí existió, pero sólo como una nueva fórmula
para crear canciones: «Todos tenemos estudio de grabación en casa,
así que cada uno compuso tres temas por su cuenta y luego los
pusimos en común», detalla Ebright.
«El problema fue que la discográfica no nos ayudó en la promoción
y el disco salió muy tarde. Muchos periódicos ni siquiera llegaron a
informar de que Molotov seguíamos juntos», añade.
Pero el caso es que ahí siguen, en la brecha, con la provocación
y el lenguaje malsonante bien afilados, como se encargaron de
demostrar anoche en el Festival Pirineos-Sur. «Le tenemos un cariño
especial a España, porque nos abrió la puerta a Alemania, Austria,
Suiza, Portugal, Inglaterra, Noruega…», enumera Huidobro.
Los dos músicos, que gastan cara de no haber descansado bien
desde hace días, engullen con fruición unas pizzas mientras
reflexionan sobre el papel crucial de «¿Dónde jugarán las niñas?»,
el disco con el que debutaron hace ahora trece años.
«Es el disco que definió nuestro sonido y que nos abrió las
puertas de todo el mundo. Éramos muy inocentes respecto a todo lo
que ocurre alrededor de la música y aprendimos que la letra de una
canción puede tener unas consecuencias mucho más graves de las que
provoca en tu entorno», expone Huidobro.
El bajista asevera que «se malinterpretaron muchas cosas», caso
de la canción «Puto», de supuesto contenido homófobo. «Se nos
echaron encima todas las asociaciones ‘pro-gay’ y nos llovieron
hostias de todos lados, pero nunca quisimos ofender a nadie y no nos
arrepentimos de nada».

