La construcción del proyecto habitacional Boca de Cachón, Jimaní, donde serían reubicadas las familias afectadas por las permanentes crecidas del lago Enriquillo, fue inaugurado con bombos y platillos. Y no era menos ante el drama de los residentes en la zona. La cara fea salió a relucir el sábado, cuando la paciencia de trabajadores haitianos y dominicanos estalló al reaccionar indignados por la noticia de que no cobrarían sus salarios.
Se amotinaron, quemando una vivienda, una carpa y destruyendo una empalizada.
La protesta motivó la intervención de efectivos militares y terminó, según el Servicio Jesuita Migrante, con un saldo de unos 60 obreros de ambos países heridos de bala y golpes. Tras el suceso, el Gobierno se apresuró a remover los obstáculos burocráticos e inició el pago a los trabajadores. La lección, sin embargo, es para ser aprendida.
En lo adelante deben evitarse problemas que puedan generar situaciones tan deplorables como la ocurrida en Boca de Chacón.

