Tras acaparar la atención de la opinión pública, es obvio que el presidente de la Suprema Corte de Justicia ni el procurador general de la República pueden lavarse las manos sobre la confrontación, sea personal o institucional, entre la jueza Margarita Cristo Cristo y la fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso.
Por las graves imputaciones que han aflorado, el escándalo, que tanto ensombrece la imagen del Poder Judicial, demanda la intervención tanto de Mariano Germán como de Francisco Domínguez Brito.
Cristo Cristo, tras un aluvión de cuestionamientos, decidió inhibirse del proceso sobre la nulidad de la investigación por corrupción y lavado de activos solicitada por los abogados del exministro de Obras Públicas, Víctor Díaz Rúa. Pero al mismo tiempo decidió interponer una demanda por ultraje contra la representante del Ministerio Público, quien, de no probar sus acusaciones, se expone, a menos que ambas magistradas lleguen a un acuerdo, a ser condenada. Y esa condena, con la atmósfera que se ha creado, abriría un abanico de interrogantes.

