Por: Luis Pérez Casanova
l.casanova@elnacional.com.do
Las conclusiones de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) en torno a la sentencia sobre la nacionalidad se veía venir. No porque la entidad pudiera estar prejuiciada, que no es el caso, sino por el sesgo discriminatorio, y por ende violatorio, de preceptos internacionales. Desacreditar de antemano a la CIDH, incluso con gestos descorteces, que evidenciaron un patriotismo de pacotilla, no fue más que una estrategia para engatusar incautos.
La misión que en principio viajó a Washington para exponer el alcance de la sentencia ante la CIDH, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y legisladores estadounidenses se encontró con la sorpresa de que todos habían repasado el fallo y detectado las violaciones de los derechos humanos en que incurría. La más elemental: la privación de la nacionalidad a personas que habían nacido y echado raíces en República Dominicana.
El presidente de la Junta Central Electoral (JCE), Roberto Rosario, concluyó acusando a la OEA de patrocinar la violación de la soberanía nacional con la intervención norteamericana de 1965. Desde que la comisión de la CIDH pisó suelo dominicano, invitada por el Gobierno para que evaluara sobre el terreno el alcance de la sentencia que desnacionaliza a los descendientes de extranjeros ilegales a partir de 1929, se inició la campaña de descrédito, la cual, sin embargo, contrastó con la posición del presidente Danilo Medina, quien reconoció la dimensión del problema y reiteró su compromiso de buscarle una salida dentro del ámbito de los derechos humanos.
Por supuesto que no se tenía que llegar tan lejos, pero la defensa a ultranza del siniestro fallo terminó por encender las pasiones, atizar el revanchismo y meter a República Dominicana en este gran escándalo internacional. Si en lugar de la CIDH, la evaluación la hubiera hecho una comisión del Vaticano o el organismo más imparcial del planeta el resultado hubiera sido el mismo. Porque lo demasiado hasta Dios lo ve.

