La gente siempre tiene un cuento para justificar el por qué no pueden hacer algo que realmente quisiera cumplir. Seguramente, te ha sucedido que alguien constantemente se queja de una situación y tú, como ya lo conoces, dices: Ahí viene otra vez con el mismo cuento.
Sin embargo, aunque no lo reconozcas, tú también tienes cuentos. Y es que en algún momento de la vida, todos inventamos cuentos para justificar lo que no podemos lograr o lo que no nos atrevemos a hacer.
Tal vez tu deseo más grande es escapar de una relación dañina, a lo mejor es ser famoso en tu campo de trabajo, o quizás encontrar el propósito de tu vida, pero, en vez de perseguir tu meta, has creado el cuento de que hay muchos obstáculos y no se puede.
¿Cuáles son tus cuentos?
¿Acaso usas el cuento de que no te sientes preparado, que tu pareja o hijos te limitan, que hay demasiadas personas haciendo lo que tú quieres, que necesitas organizarte, o simplemente tu cuento es: ¡Estoy esperando que Dios me mande una señal!
Independientemente de cuál sea tu historia para refugiar tu indiferencia, es sencillamente una excusa para no enfrentar el pavor a fracasar. Es más fácil decir: Hay mucha competencia en lo que quiero hacer, ¿para qué intentarlo? que decir: Voy a tomar el riesgo y me comprometo a seguir mi sueño.
Cuando eres un cuentista tienes dos opciones: resignarte y seguir con el cuento de nunca acabaro dejar esos miedos disfrazados de pretextos y emprender una historia de éxito.
Lo único que aniquila un cuento es un compromiso, el cual no puede ser sólo de un 99.9% porque al encontrar el primer obstáculo tendrás el pretexto perfecto para inventar un cuento y abandonar tu meta.
Únicamente cuando te comprometes un 100% a cumplir tus deseos, las excusas desaparecen y puedes decir orgullosamente: ¡Este cuento se acabó!.

