Opinión

Mujer  y ciencia

Mujer  y ciencia

Aunque en las mitologías orientales la serpiente representa el conocimiento, en las tres religiones monoteístas simboliza a Satanás, quien creó el pecado.  El poeta Jhon Milton, quien en 1638 conoció a Galileo en Florencia, escribió una obra dramática en cinco actos llamado Adán sin paraíso, que desembocó en EL PARAISO PERDIDO, narración épica, de doce libros, donde importa para nuestros fines su definición del pecado: “una hechicera nacida enteramente formada de la cabeza de Satán, en el instante en que concibió la envidia del hijo de Dios.  Tanto el pecado, como la muerte: “incesto de Satán con el pecado, es decir con la mujer hechicera”, provocó que la tierra, “en si herida gimiera en sus fundamentos al verlo perdido todo” y coloca de manera central a Eva como el pivote de todas las acciones de la humanidad relativas al conocimiento prohibido.

Posteriormente, muchos literatos, al analizar el mismo episodio del Génesis han denominado la curiosidad y la inconformidad con nuestra suerte y desconocimiento, como el “Síndrome de la mujer de Bath”.

Si examináramos cada texto clásico de la literatura universal, cada basamento de las religiones con que somos socializados hombres y mujeres, nos daríamos cuenta de que siempre se ha asociado la ciencia con el conocimiento desconocido y por ende prohibido. Un conocimiento que puede tener consecuencias desastrosas, como en el caso de bomba atómica y posteriormente la de hidrógeno, que horrorizaron a su ideólogo Oppenheimer, quien no cesaba de preguntarle a Truman: ¿No se da usted cuenta de que tengo las manos ensangrentadas?  Por cierto, pocos saben que Einstein,  le escribió una carta a Truman urgiéndole para que aprobara la energía atómica.

Ese análisis nos permitiría responder al primer desafío para la adopción de la ciencia por el sexo femenino: 

1.-Entender las ancestrales prohibiciones introducidas en el subconsciente femenino sobre la futilidad, peligro o inadecuación, de una vocación y carrera científica. 

2.- Revisar estas narraciones –fundamentales para nuestra cultura heredada- desde la perspectiva de género. 

3.-Detenernos en el tercer desafío, que es  recordar que en estos textos Dios siempre ha sido masculino, y al ser omnisciente debía saber de antemano que Eva comería del árbol prohibido del conocimiento  ¿De quién es la culpa?

4.-  Revisar, desde la perspectiva de género, el desarrollo y evolución de las ciencias.

5.- Por último: desmantelar los tabúes, enfatizando que la ciencia sigue siendo, como decía el poeta brasileño Carlos Drumond de Andrade, ese húmedo recinto donde espera la maravilla, que aburrida de nuestras vacilaciones nos pregunta: ¿Han traído la llave?

El Nacional

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