La desaparición física del Juez de la Suprema Corte de Justicia, doctor Julio Ibarra Ríos, constituye la pérdida de un hombre que fue paradigma en su vida pública.
Desde muy joven se inclinó por la lucha de las libertades públicas, llegando a jugar papeles estelares en actividades políticas contra Trujillo. Incluso perdió a su hermano Luis que vino al país en la expedición del 14 de Julio del año 1959.
Ibarra Ríos ejerció con pulcritud los cargo de procurador fiscal del Distrito Nacional, secretario de educación y titular de Deportes.
Durante el gobierno sanguinario de Joaquín Balaguer, enfrentaba con valor esos desatinos. Recordamos que el prestante abogado defendía de manera gratuita a los presos opositores. Es de justicia recordar a los doctores Virgilio Bello Rosa y Hilda Gautreaux.
La Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia integrada, entre otros, por los magistrados Hugo Álvarez Valencia, Edgar Hernández y el propio Ibarra Ríos, ha realizado una encomiable labor.
Los hombres adornados de cualidades, como lo fue Ibarra Ríos, nunca mueren, porque solo se van aquellos que no echaron raíces, quienes impidieron el hechizo de la ternura del respeto derramado con milagros de amores en cada imagen que viene de su recuerdo.
Es indudable que el PRD atraviesa por una crisis profunda a raíz de los resultados de su convención para escoger su candidato presidencial.
La situación es tan grave que no hay ningún organismo jurisdiccional para intervenir en el conflicto y evacuar una decisión que tenga la autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada, lo que presenta un cuadro de limbo jurídico.
Sin tener pretensiones de oráculo, el autor de este escrito advirtió recientemente, a través de este periódico, que la ausencia del Tribunal Superior Electoral que debió estar conformado.
