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Los narradores colombianos de la segunda mitad del siglo XX han tenido que imponerse a la fatalidad de haber nacido en los mismos lindes espacio-temporales que Gabriel García Márquez. La obra del autor de Cien años de soledad ha ejercido una gigantesca fuerza gravitacional que ha conseguido doblar el espacio de la crítica y ha ocultado por tanto otros nombres cuyas obras resultan también tremendamente aportadoras. Tal es el caso de su coterráneo y entrañable amigo Álvaro Mutis.
Ahora, acaba de morir a sus noventa años en México y se le recuerda y celebra justamente. Mutis no ha sido solo un hombre singular y un amigo de los que arriesga la piel por aquellos que quiere, sino también uno de los escritores más completos y singulares de las letras hispánicas. Su obra, sin dejar de enraizarse en el tórrido ambiente de esta región americana se dilata hacia unos márgenes que la hacen perfectamente cosmopolita. En todo cuanto ha hecho se mezclan la historia, diversos paisajes, la imprecisable correspondencia entre hombre y naturaleza, los objetos cotidianos que acompañan al hombre, así como esa desesperada tentativa de escapar a los cataclismos que nos condenan, como el desamor y la derrota.
Mutis, hay que decirlo, es (de los creadores no se puede hablar más que en presente pues su obra se rehace con cada lector) ante todo un poeta. Lo es no porque en sus versos se halle lo más logrado de su escritura, sino porque en cualquier tipo de escrito en que se exprese está la percepción descubridora, apasionada, intensa y recuperadora del poeta. Ya en unos poemas que denominara «Programa para una poesía» dejaba ver lo que
para él era este arte:
«Del fondo más profundo de la noche surge este sonido planetario y rugiente que arranca de lo más hondo del alma las palpitantes raíces de pasiones olvidadas.» De modo que la poesía viene desde lo más insondable y se manifiesta con voz planetaria para hacer revivir lo preterido. Para esto se hace necesaria una actitud que nos reconcilie con nuestros orígenes.
(mediaisla)
por: Manuel García Verdecia
