El nacionalismo existe desde que un grupo de personas se decidió a formar juntas, bajo una misma bandera, ideal y cultura, una nación independiente dentro del mundo. Más que un ideal, el nacionalismo es un sentimiento, y como tal es algo que sale del corazón y no del cerebro. Por eso no nos debe sorprender que a través de la historia a nombre de este se hayan cometido tantas idioteces.
Después de la religión, el nacionalismo es el otro gran justificador de asesinatos masivos de la humanidad, y este no escapa a ninguna cultura. Adicionalmente es causa de políticas de Estado carentes de sentido, decisiones torpemente calculadas, manipulación del pensamiento de las masas, distorsiones groseras en la historia, y gran parte de la pobreza y abusos económicos que viene padeciendo el mundo.
Desde pequeños, a toda persona en todo país del mundo se nos enseña sobre el orgullo por la patria. Y siempre que se habla de eso del orgullo por la patria es dando un tratamiento abstracto a esa idea, porque desde una observación estrictamente objetiva, eso siempre será insostenible.
Y hace falta objetividad. No va a ser con nacionalismo que vamos a alimentar a nuestros pobres, ni con nacionalismo le daremos trabajo a los desempleados; el nacionalismo no persigue la corrupción, ni nos libra del problema de la inmigración ilegal, ni va a acabar la delincuencia. Es tanto así, que ni siquiera asumir una postura nacionalista nos sería útil para resolver problemas. De hecho, está empíricamente comprobado que sólo sirve para empeorarlos.
Cuando Trujillo se abocó a matar a cuanto haitiano estuviera de este lado de la frontera, con eso no logró resolver el problema de la inmigración ilegal haitiana, ni las posturas nacionalistas inflexibles de expulsión lo han logrado tampoco. De hecho hoy la presencia está más elevada que nunca.
La nacionalización de las EDEs no han arreglado el problema de la electricidad. De hecho, todo lo contrario: está peor. Un resultado fácilmente predecible considerando que hace no más de 15 años estaba igual de mal, cuando estaba todo bajo las manos de la muy nacional CDE.
La protección de la producción nacional tampoco ha servido para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los dominicanos. De hecho, la producción nacional sólo ha servido para manipular precios, beneficiarse de los recursos del Estado a través de subsidios, otorgar sueldos risibles y explotar a sus consumidores cautivos.
Es una verdadera lástima que cuando se habla del ideario de Juan Pablo Duarte, lo que siempre se resalta fue su espíritu nacionalista, y tan poco se habla de su pensamiento sobre la libertad.
Talvez esta acepción de que nuestra independencia tenía más enfoque de identidad y nacionalismo que de una verdadera lucha por nuestras libertades, es lo que nos ha sumido dentro de este círculo vicioso subdesarrollista de más de 150 años.
Nos gusta pensar más con el corazón y por la patria, y se nos olvida que el que piensa es el cerebro, y nuestro objetivo en esta es vida es la búsqueda de la felicidad.

