Con el rostro de una joven Julia de Burgos (poeta nacional puertorriqueña cuyo centenario conmemoramos este año), y el porte de Angélica Contín, reina de los juegos florales de inicios del siglo veinte, Nathalie Peña Comas aportó el toque angelical al Vigésimo Segundo Concierto de la Catedral, su coro y orquesta.
Como innovación, el concierto contó este ano con dirección colegiada de cuatro directores: Francois Bahuad, Héctor Martínez Cabreja, Andrés Capellán y Fernando Herrera, todos bajo la coordinación del maestro José Delmonte.
Nos llenó de alegría notar que este año el concierto terminó con Noche de Paz, no con I wish you a Merry Christmass, y creemos que el año próximo podría concluir con ese maravilloso arreglo, a ritmo de merengue, del aguinaldo Camino de Belén, para terminar con una nota alta lo que se ha constituido en la contribución más celebrada del Arzobispado a la ciudadanía capitaleña.
Al final del concierto, esperamos pacientemente la salida de la oficialidad, para ir a felicitar al ángel cuya sonrisa y dominio escénico (aportes de la soprano griega María Callas a la Ópera), son parte integral de su encanto. Doi Gautier y Fernando Casado exclamaban: ¡Atención, regresa el ángel!
Como adolescentes, hicimos cola para que Nathalie nos firmara el programa, pero nos equivocamos de ángel y a quien felicitamos fue a su hermana melliza, quien es violinista, y a la menor de las tres hermanas que es cellista. ¡Dios mío! ¡Cuántos dones!
Las aclaraciones las hizo la madre, quien irradiaba la felicidad de María cuando el Arcángel le anunció que sería la madre del Divino Niño. Y fueron ratificadas por el padre, un hombre discreto que observaba extasiado el enorme triunfo de sus hijas.
Una recomendación: hay que proteger a los artistas de sus sueños. Si yo me presentara frente al profesor Delmonte y le dijera que soy la reencarnación de María Callas, lo que corresponde es una audición, porque el trauma posterior puede ser incapacitante, y la más tierna de las abuelas, y la más orgullosa de las madres, no se merecen un embarre (de embarrasement) colectivo. Al buen entendedor, pocas palabras bastan.
Por lo demás, a Dios y al magnífico coro de la Catedral y sus solistas Wanda Guzmán Romero, Belkys Hernández, Glenmer Pérez, Modesto Acosta, Nelson Veras, Helvis de la Rosa Villalona, y Eddison Feliz, las gracias por lo que se ha constituido como una de las tradiciones (junto a la Ruta de los Belenes) más emocionantes de la Zona Colonial.
Y un fuerte abrazo a Abelardo Vicioso junior, quien viajó desde Viena a acompañar a Nathalie, y a todas las amistades que hacen de este concierto una gran fiesta del espíritu.

