Como si no fueran suficientes los que ya tienes, a continuación te presento algunos descubrimientos científicos (que habrás ido descubriendo por puro sentido común) que aumentarán tu lista de motivos para felicitar a mamá éste próximo domingo, o de recordar su memoria con muchísimo más respeto.
Desde que estuviste en el vientre, el cerebro de tu madre comenzó a reestructurarse de manera que el centro en donde radican las emociones (el hipocampo) aumentó. En otras palabras, desde antes de nacer el cerebro de tu mamá se preparaba para tu supervivencia.
Probablemente debido al aumento de la hormona prolactina (la encargada de la producción de leche y el desarrollo mamario), los sentidos de tu mamá se agudizaron desde que naciste. Su sentido del olfato fue más agudo y seguramente era capaz de identificar tu llanto incluso desde lejos y en medio de cualquier ruido. ¡Bastante importante!¿No?
Otra hormona, la oxitocina, que se produce durante el parto y la lactancia, conocida por ser la gran hormona anti-estrés, ayudó a tu mamá a conservar la cordura mientras te cambiaba, cocinaba, el perro ladraba y papá pedía un vaso de agua.
Por otra parte, la empatía, esa capacidad de ponerse en lugar del otro y comprender lo que siente, se intensificó en tu mamá, no solo durante su primer parto, o durante los primeros años de su maternidad, sino que está allí durante toda una vida, por lo que es ciertísimo el dicho de que la vida te cambia cuando eres mamá.
Así que, sin pretender caer en cursilerías o elogios desproporcionados, tomar un día para recordarnos estas cosas no nos viene nada mal y a mamá, por supuesto, muchísimo menos. Hasta la ciencia apoya por lo que con más razón, ¡Felicidades, pues, mamás de éste lado del mundo!

