En la sociedad dominicana de hoy hay muchos síntomas de rebeldía, con bastante razón en la generalidad de los casos, como producto de las desigualdades sociales prevalecientes, que necesariamente tienen que cambiar.
Los distintos gobiernos que hemos tenido a partir de la decapitación de la horrorosa tiranía de Trujillo en 1961, han hecho intentos por aminorar la pobreza, que se agravó con un golpe de Estado en 1963 y consecuentemente una guerra civil producida por una intervención norteamericana dejando más de cinco mil muertos.
Se ha luchado mucho para tratar de superar la situación de la pobreza, que en la actualidad algo sigue andando mal, pues mientras crece el llamado Producto Bruto Interno (PIB), resulta que las cifras estadísticas señalan que tenemos cuatro millones de pobres, es decir, casi la mitad de nuestra población, algo inadmisible.
En una sociedad democrática, existe el derecho de luchar contra tantas inequidades, pero es necesaria la consolidación del liderazgo responsable y verdaderamente representativo del pueblo.
Próximamente, se presenta una ocasión histórica donde el presidente puede sanear la estructura gubernamental, acompañada de una convocatoria, para una Asamblea Constituyente donde el pueblo dominicano elija a aquellas personas de reconocido patriotismo que puedan, si es necesario, modificar la Constitución actual de la República, consignando tomar medidas trascendentes en la vida nacional, para que se asegure la consolidación de la democracia por la que se ha derramado tanta sangre.
Hacen falta líderes responsables y verdaderamente representativos del pueblo en la oposición y demás partidos organizados, incluyendo el gobiernista. Pueden tener popularidad, pero no conjugan en su pensamiento y ejercicio las reales aspiraciones de las masas populares, cuyos integrantes, por sus precariedades, son propensos a la aceptación de dádivas provenientes casi siempre de los fondos públicos, aunque en el fondo de su corazón las desprecien.
Una dádiva o la designación en un cargo público, no significan progreso personal. Esto es importante, porque ha sido una tradición en los distintos gobiernos, nombrar a gentes no calificadas para desempeñar cargos, fomentando así un clientelismo parasitario y también la corrupción.
Confiamos en que el próximo 16 de agosto, o antes, o días después, se modifiquen las estructuras gubernamentales, para entrar en una etapa en la que se vea que hemos entrado al camino que nos conduciría a una real democracia y a la creación jurídica de una Asamblea Constituyente en nuestra Constitución, mediante la cual el pueblo soberano pueda escoger a sus legítimos representantes y las formas de gobernar a nuestro pueblo.
