Opinión

Nicolás  y Hamlet

Nicolás  y Hamlet

Desde el momento que la especie humana comenzó a desarrollar su vida en sociedad  comprobó, con el transcurrir de los días, que el mundo no es como se desea sino como se le presenta en la realidad, la cual puede generarle momentos de alegría, paz, sonrisas y hasta de grandes carcajadas, pero también es posible que tenga que sufrir las consecuencias negativas, feas y desagradables  que algunas veces salen del compartimiento que generan los seres humanos. Esta situación es la que motiva que el estado emocional de una persona cualquiera no siempre se mantenga igual.

El pasado viernes, como de costumbre, me levanté bien temprano. Había concebido desde el día anterior la idea de escribirle unas líneas a mi hermano Nicolás Gómez  con motivo de su cumpleaños.

En la cartita a Nicolás, le digo lo siguiente: “Mi hermano Nicolás: Hoy, con motivo de tu cumpleaños, yo podía hacerte dos líneas  y decirte que quiero que sigas disfrutando de mucha salud para satisfacción tuya y todos los que te distinguimos y queremos. Pero además he querido aprovechar la ocasión para decirte que cada día vivo más convencido de que los amigos no se cuentan, se pesan. Y por lo mucho que pesan mis amigos para mi tranquilidad espiritual, la vida en los últimos años se me ha hecho menos pesada. Por feliz casualidad estoy armado de firmes y profundas convicciones ideológicas las cuales me permiten mantenerme con mi voluntad que no se dobla, como el acero. Muchas veces digo que soy feliz porque la vida me ha dado hasta lo que no le he pedido. Pero la realidad del medio en que vivo me ha golpeado, he sido victima de maquinaciones, de deslealtades, de pequeñeces y vicios que hoy predominan, a lo mejor,  en muchos seres humanos en los cuales, por una u otra razón, hemos depositado nuestro cariño, confianza y les hemos extendido la mano solidaria sin esperar recompensa.  Por lo antes expuesto, y por los vínculos que nos unen a ti y a mi en el orden político, familiar y de amistad, cada día te distingo y quiero más, todo extensivo a tus seres queridos, mi comadre Reina,  a Román, a Dimitrot, a Manuel Eurelio, a los nietos y todos aquellos y aquellas que te quieren  como yo. Siempre tuyo. Tu hermano.      Negro Veras”

Luego de las líneas a Nicolás, me dispuse a leer los periódicos.

Grata fue mi sorpresa al saber que mi amigo y compañero Hamlet Herman, había obtenido, con su libro “El Fierro: Eberto Lalane José:”, el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jiménes.

No lo pensé dos veces, y de inmediato le escribí estas líneas:

“Tú sabes que un triunfo tuyo es un triunfo de tu pueblo y que yo disfruto como mío. Te quiero y distingo mucho. Tu hermano. Negro Veras”.

Pero no me contenté con la simple comunicación escrita, sino que le  manifesté de viva voz lo contento que me había sentido y que quería que escuchara mi fraterna emoción por su triunfo.

Así es como disfruto los momentos de alegría que me llenan muchos espacios vacíos de mi vida.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación