Opinión

No a la ley de partidos

No a la ley de partidos

Casi me repetiré pero importa poco. A veces repetirse ayuda o contribuye “con la memoria histórica” o con la idea de que no olvidemos aquellos que necesitamos mantener fresco en el pensamiento.

Por ejemplo, mi oposición a una ley de partidos y organizaciones políticas, presentada como la solución a una democracia con goteras.

Sectores de la sociedad civil se abrazaron a una causa, quizás atendiendo a una corriente que hubo en América Latina de reformas políticas, un proceso con el cual se daba respuesta a una crisis del sistema de partidos y de la democracia pero igualmente se le trataba de aplicar posibles correctivos al cascarón dejado por las dictaduras militares de los años setenta y ochenta conocidas en América Latina.

Los latinoamericanos comenzamos a escuchar teorías o debates sobre el Estado del bienestar versus el Estado intervencionista, o el Estado regulador contra el estatismo, hasta concluir en el Estado de derecho, pasando por el Estado Social de Derecho.

Luego surgieron sobre la marcha conceptos sobre el Estado democrático de participación social. Obviamente, que en tanto había una discusión en América del Sur, los dominicanos aún estábamos en otro mundo, hasta mediados de los noventa.

A finales de los años ochenta, la JCE electoral mostró interés en un proyecto sobre partidos políticos y en 1987 presentó un anteproyecto. Luego se creó la Comisión Presidencial para la Reforma y Modernización del Estado en 1996, y en 1999 presentó un anteproyecto que en el 2003 fue introducido a la Cámara de Diputados.

Mientras, ¿qué ocurría en los partidos políticos? A) Desaparecía el concepto de militancia política, b) desaparecía el concepto de cuadro político, d) cierre de los locales, e) desaparecían los comités de base para dar paso a la masificación, f) surgieron los “cuarteles electorales”, y los conceptos de convenciones y/o primarias, y g) los comités ejecutivos nacionales o comité central dio paso una dirección que descansaba en comisión o comité político. El partido, como una unidad, desaparecía.

Luego, ¿qué pretendemos con una ley de partidos políticos? ¿Enderezar qué?

El Nacional

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