Opinión

No entran moscas…

No entran moscas…

Hay dos cosas en el cuerpo humano sobre las cuales de forma literaria o real se tienden a posar moscas. La primera es conforme al viejo refrán que reza “en boca cerrada no entran moscas”, claramente indicándonos que mientras más se habla y se dice, más tropiezos tienden a ocurrir. El proceso de reforma constitucional ha demostrado la veracidad del viejo adagio, atragantando de moscas hasta asfixiar a nuestra futura Constitución.

En un innecesario ejercicio de “constitucionalizar”  lo que les venga a la cabeza, los asambleístas se han dado a la tarea de incluir y abultar un texto cuya función principal debería ser una mera declaración de principios del Estado y su composición. Pareciera como si, concluida la reforma, el Congreso va a quedar abolido y ya en este país no se va a volver a redactar una ley. 

Vemos por ejemplo el caso del “Habeas Data”, que por una muy mala interpretación de lo que en realidad consiste esa garantía, terminaron limitando el acceso a los expedientes judiciales hasta tanto exista una sentencia definitiva, lo que a su vez es  contradictorio con el principio de la publicidad en el debido proceso. Pretendían con tanta vehemencia proteger a los imputados del mal uso de la información de sus causas, que terminaron desprotegiéndoles de los abusos del Estado, llevándose de encuentro la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿No era suficiente  mantener la presunción de inocencia, y regular el “Habeas Data” a través de una ley?

También tenemos algo  fundamental como la protección de la vida, en la que nuestros  asambleístas decidieron  “constitucionalizar” su definición. Su ligereza pone en un limbo legal cosas tan comunes como varios métodos anticonceptivos y la incluso ya común fertilización in vitro. El delirio de grandeza no se detiene ahí, y también deciden definir el matrimonio, sin por un segundo detenerse a pensar en las consecuencias económicas y jurídicas. ¿Cuál es la necesidad de definir la vida? En una sociedad donde se producen casi tantos divorcios como matrimonios, ¿para qué definir  matrimonio en la Constitución, a sabiendas que un número inmenso de familias se forman y desarrollan sin éste?

Más peligrosamente, vemos  la parte económica y  fiscal del Estado. Luego de pavonearse como  conservadores sociales radicales, atrapados en el medioevo, los asambleístas se la lucieron como socialistas radicales en lo fiscal y económico.  

La “constitucionalización” del Estado Social crea  obligaciones presupuestarias al Estado, muchas de las cuales ahora ya las hace en forma deficiente, y otras  van a ser  imposibles de asumir sin que impliquen  abusivo aumento de impuestos, todo bajo mandato constitucional. En adición, facilitan un preocupante intervencionismo estatal en los mercados y la economía, costoso para los contribuyentes y potencialmente peligroso para el sector privado.

Hay dos cosas en el cuerpo sobre las cuales se tienden a posar moscas. La segunda es algo que no sale de la boca, sino de su extremo opuesto, y es en lo que efectivamente resultará esta Constitución, de continuar el desastre por la cual el han encaminado.

El Nacional

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