El ministro de las Fuerzas Armadas, Sigfrido Pared Pérez, se ha apartado de su estilo mesurado y profesional con su afirmación de que prefiere que maten 50 delincuentes (callejeros) antes que a un agente de la Policía. Es como si dijera que para que la cruz llegue a mi casa, mejor que vaya a la ajena.
Pero resulta que sangre no es lo que se plantea con respecto a esa delincuencia que tanta irritación, incertidumbre e inseguridad causa en la población. Además del patrullaje militar hay que explorar otras alternativas para enfrentar una delincuencia que Pared Pérez y otras autoridades saben que tiene múltiples aristas.
Las autoridades, sobre todo las que tienen que ver con la seguridad, deben cuidar sus expresiones para evitar dar lugar a una cacería extrajudicial a nombre de la lucha contra la delincuencia callejera. Como profesional, Pared Pérez conoce otros términos menos confusos para abordar la confrontación contra la criminalidad y la delincuencia.
