Hay quienes piensan que lo que está en juego es la existencia del Partido Revolucionario Dominicano. Y como esa es una lucha interna, pues allá ellos, si se quieren matar, que se maten. Ese no es un problema que solo atañe a los miembros de ese partido.
Quienes consideran que en el PRD hay un pleito de perros no terminan por descubrir la trama en contra de ellos mismos, no sólo contra el PRD. La estrategia de convertir al PLD en partido único mediante una dictadura constitucional fue diseñada hace algunos años utilizando los recursos del Estado.
Había dos muros que debían ser derribados previamente. Primero el Partido Reformista. Traicionaron a Joaquín Balaguer después de haberlo llevado al poder. Luego utilizaron a Carlos Morales para que sirviera de punta de lanza contra su propio partido hasta reducirlo prácticamente a nada. El Partido Reformista es hoy una entelequia.
El PLD atrajo la mayoría de los partidos minoritarios con las prebendas del Estado. Solo quedaba el PRD. Había que destruir al partido del pueblo, el partido de la esperanza nacional. Leonel Fernández aprendió que el dinero todo lo compra. Los esfuerzos por un acuerdo con Hipólito, fracasaron.
Es ahí cuando entra en escena Miguel Vargas. Un hombre capaz de traicionar a su partido y al presidente que lo convirtió en el ministro más poderoso su gobierno, al que le dio las obras de los Juegos Panamericanos que le costaron al país más de 15 mil millones de pesos.
La embestida de los gobiernos del PLD (los de Leonel y ahora el de Danilo) contra el PRD ha sido brutal. Al PRD le están dando por los cuatro costados para destruirlo o convertirlo en una porquería. Como he dicho otras veces, Miguel Vargas es en el PRD lo mismo que Morales Troncoso en el Partido Reformista.
Y pienso en aquella frase famosa del pastor protestante Martín Niemoeller, atribuida por error a Bertolt Brecht, refiriéndose al fascismo de la Segunda Guerra Mundial. «Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí»
Lo repito, no es la vida del PRD la que está en juego, es la toda la oposición, es, de algún modo, la de todos los que amamos la libertad y la justicia en este país. Veamos detrás de la curva, como bien aconsejaba Peña Gómez.
