Posiblemente en el mes de diciembre del presente año las autoridades del Banco Central vuelvan a repetir que el Producto Interno Bruto creció en 7.8 (les gustan esos números) y que la tasa de inflación nuevamente estuvo por debajo de los dos dígitos, es decir, menor al 10%.
Sin embargo, no ha terminado el primer mes del año 2011, cuando los dominicanos observamos una inflación muy superior a esa cifra. Es elevado el porcentaje de bienes y servicios cuyos precios se han disparado, empezando por los productos de la denominada canasta familiar.
Si a ese proceso inflacionario sumamos la corrupción administrativa, la deficiencia en los servicios de educación, salud y energía eléctrica y la falta de seguridad ciudadana, debido a los altos niveles de delincuencia, hay motivos de sobra para rechazar los intentos reeleccionistas y la gestión gubernamental del presidente Leonel Fernández.
Pero lamentablemente no hay oposición al gobierno, situación que tiene su precio, porque el disgusto casi colectivo hacia la actual administración no se refleja favorablemente al PRD, conforme a las encuestas de opinión. Algunos alegan que el famoso Pacto de las corbatas involucró la concesión de contratas multimillonarias que comprometen moralmente a la dirección del partido blanco.
Un instrumento político como el PRD, no puede tomarse para hacer negocios, mucho menos con el gobierno, porque impide diseñar políticas de oposición y demora el ascenso al poder de una organización que, por su historial de lucha y aportes a la democracia, pudiera estar mejor posicionado en los estudios de opinión.
Con la terrible crisis social y económica que atraviesa la sociedad dominicana, es para que la correlación de fuerzas políticas sea otra, pero si no hay oposición, porque el partido ha caído en manos de un hombre de negocios, ¿qué se puede esperar?

