II
En nuestra columna anterior hablábamos de lo que eran las fiestas de fin de año, llamadas fiestas de Navidad que comenzaban a celebrarse del 1 al 10 de diciembre y que llegaron a un máximo esplendor después que la dictadura de Trujillo impuso como obligación del Estado y las empresas privadas el llamado doble sueldo o regalía pascual, disposición que para un país que había sido incorporado formalmente al desarrollo capitalista fue de una importancia extraordinaria, ya que la población de habitantes que tenía la nación apenas llegaba a tres millones. En el registro de nuestra memoria, o sea en las poblaciones que fue como oficial comandante nuestro padre, que había comenzado en el municipio de Sánchez, después trasladado en esas mismas funciones a Moca, de Moca a Santo Domingo, y de Santo Domingo a El Seibo, y nuevamente a Santo Domingo, más tarde a Loma de Cabrera, donde con el rango de capitán del Ejercito, por órdenes expresas de Trujillo fue separado de las filas militares.
A fines de 1944 de Loma de Cabrera retornamos a Santo Domingo y de Santo Domingo, fuimos a vivir al municipio de San Francisco de Macorís, allí permanecimos más de un año y regresamos a la ciudad capital. En los primeros meses de 1946, nuestro padre pasó a ser empleado, en el departamento agrícola, de la Grenada Company, filial productora de guineos de la poderosa empresa estadounidense United Fruit Company. Nuestra familia se trasladó a vivir a Monte Cristi, cuando no habíamos cumplido los 10 años de edad; y para esa época estaba grabada en el recuerdo de nuestra memoria cómo se hacían las fiestas de Navidad y la cena de nochebuena. En ella primaban el lechón asado, el pavo asado, así como la carne de gallina, y en la Línea Noreste, particularmente en Monte Cristi y Dajabón, el chivo asado en puya.
Otras expresiones de la cocina dominicana eran los pasteles en hoja, las empanadas de harina, los pastelitos de carne de pollo, las empanadas de carne de pollo o res y tanto estas como los pastelitos, también estaban rellenas de queso; a estos alimentos se sumaban las frutas, llamadas de invierno, que no se producían en el país como manzanas, peras, uvas de gran tamaño y otras frutas secas como nueces, avellanas y almendras. Otros platos, frutas y dulces sabrosos eran los higos, ciruelas, el turrón de alicante que era traído desde España. Desde que comenzaban las fiestas de Navidad, también empezaban a sentirse los fuegos artificiales: torpedos, cohetes, patas de gallina y velas romanas, algunos de los cuales no se fabricaban en el país, sino que eran importados; peligrosos por los daños que ocasionaban a los niños.
Queremos dejar constancia de las costumbres y tradiciones que han ido desapareciendo y transformando de manera profunda los matices de los hábitos de vida y costumbres de nuestro pueblo. Estamos obligados a confesar que esas experiencias recogidas desde la niñez del autor, en nuestro recuerdo, han modificado aspectos fundamentales en la personalidad de las mujeres y hombres que se han distinguido como hemos afirmado, como un pueblo coherente, valiente, muy valiente, conformado en bases de dignidad, honestidad y firmeza, virtudes y cualidades que lo han distinguido, desde hace muchos años, en el hermoso y aguerrido proceso de su origen, nacimiento y desarrollo, que son principios que le han ganado como nación y Estado llamado República Dominicana, el respeto de la inmensa mayoría de los pueblos del mundo.

