Suele colocarse el asterisco antes de un título o afirmación como forma de alertar al lector de que lo que ha leído merece una aclaración adicional. Las actuaciones de la mayoría de los dirigentes del PRD, después de una convención considerada exitosa, están degenerando en agregar un asterisco a su nominado sea quien finalmente sea.
El pataleo del perdedor de la convención que celebrara el PRD la semana pasada era predecible, lo intrigante es que quien resultó perdedor es quien ostenta el control institucional. Sin Tribunal Electoral que medie, y con un virtual nominado que aún no logra representación considerable en los principales órganos de gestión, no es totalmente descartable que Miguel Vargas Maldonado use su poder institucional para revertir las cosas a su favor. ¿Pero a qué costo?
El mejor resultado realista que podría obtener Miguel Vargas es lograr la anulación de la convención e impulsar una nueva convocatoria para cuando se conforme el Tribunal Superior Electoral. Pero incluso allí esto significaría una probable ruptura interna de considerables proporciones, y que la única perla positiva cosechada por el PRD en años, la convención, quede irremediablemente destruida, reforzando el estatus de ente poco confiable y errático que se ha merecido el PRD por décadas. En cualquier caso, una nominación de Miguel en este contexto quedaría, cuanto menos, cuestionable de cara a la contienda presidencial del 2012.
Hipólito Mejía es quien conserva las mejores cartas. Ha visto fortalecer su posición interna con la adhesión de personas que aunque inicialmente no apoyaron sus aspiraciones, han entendido que los resultados son irreversibles. No obstante, corre el riesgo de que la incertidumbre se prolongue y un debate mediático sobre la validez de su candidatura menoscabe sus posibilidades para el 2012, y que la continua exposición del conflicto lo lleve a cometer los errores típicos de la personalidad impulsiva que le caracteriza, afectando el trecho positivo que ha recorrido.
En cualquier caso, ambos están obligados a negociar. Pero cualquier pacto que pretenda ser exitoso debe partir de hechos que ninguna de las dos partes desearía aceptar, prolongando la incertidumbre y repartiendo asteriscos en ambas direcciones.
En cierta medida, los acontecimientos después de la convención evidencian circunstancias no tan distintas a los hechos previos. Un Mejía bien asesorado se enfrenta a un Miguel Vargas que luce torpe, negativo e innecesariamente desafiante. Lo que está en juego, sin embargo, es muy diferente a lo que se vivía hasta el 6 de marzo, y lo que suceda ahora afectaría a ambos y a su propio partido.
De mantener las cosas su curso, quizás dentro de unos años cuando se analicen los resultados electorales del 2012 se leerá un asterisco: * Si bien X obtuvo oficialmente la nominación del PRD para las elecciones del 2012, los cuestionamientos públicos por la forma en que se llevó el proceso interno afectaron ante la opinión pública la legitimidad de su candidatura. La unidad interna de ese partido resquebrajada, finalmente incidió en los resultados de las elecciones, conocidos por todos hoy en día.

