El presidente electo, Danilo Medina, cuenta, entre las muchas cualidades que lo adornan, con la capacidad y experiencia que se requieren para realizar una buena gestión de Gobierno. Pero esas condiciones no impiden visualizar que desde dos meses antes de las elecciones su triunfo estaba garantizado, no precisamente por el calado de su discurso en la población. Lo garantizaba la embestida del Gobierno, con el presidente Leonel Fernández a la cabeza, para modificar la intención del voto. No por casualidad la avasalladora irrupción, que inquietó a los observadores internacionales, coincidió con las abrumadoras encuestas de la prensa escrita que daban ganadores a los candidatos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con el porcentaje que obtuvieron. Se trataba de una ofensiva en todos los frentes y con armas de todos los calibres. Es por eso que, como para que no quedara ningún pelo en el aire, en la medida que se acercaba el conteo regresivo se incrementaron hasta las medidas represivas. Por más que sean un hecho consumado no ha de olvidarse que el Presidente había garantizado durante un encuentro con peledeístas en Nueva York que invertiría 40 mil millones de pesos para modificar tanto la percepción como la intención de voto en los comicios. El candidato opositor y sus asesores pensaron, como en efecto se notó, que nada impediría su victoria y que, en cualquier caso, los obstáculos provendrían de los predios de la Junta Central Electoral (JCE). Se durmieron en sus laureles, quizás embriagados por los sondeos de los medios digitales, la radio y la televisión, así como las votaciones en establecimientos y el mismo ambiente que daban por segura la victoria del candidato opositor. Pero el Gobierno, que había logrado sacar de debate temas conflictivos e imponer su propia agenda, irrumpió con tanta fuerza, que ya en los últimos días era muy poco lo que había que buscar.

