Empieza noviembre, mes de la No Violencia contra las Mujeres y Mes de la Familia, una coincidencia que hace más simbólica la referencia al espacio donde las personas, por el cruce relacional de género, edad y roce de convivencia, somos más vulnerables al maltrato y en el que, especialmente las mujeres y las niñas, viven en riesgo permanente.
Despedimos al mes de octubre conmemorando, del 24 al 30, la Semana Internacional del Desarme, establecida por la Asamblea General de la ONU en 1995, para fomentar una mejor comprensión de esta problemática. Ya para octubre del 2001, el secretario general de la ONU entonces, Kofi Annan, decía que sólo en armas pequeñas y armas ligeras, el mundo tenía casi 500 millones en uso, un arma por cada 12 personas, la mayoría de ellas legales, pero con efectos devastadores sobre el estado de derecho, al crear una cultura de violencia e impunidad.
Dejamos octubre con la advertencia la amenaza para la paz, el desarrollo, la democracia y los derechos humanos, entrando en noviembre a reflexionar sobre las violencias basadas en el género, las más feroces contra las mujeres y las niñas. A pesar de que cualquier objeto en el hogar es arma mortal cuando la esgrime un masculino violento, el uso de armas de fuego en nuestro país, donde es un valor y una fortaleza de todo tipo para los hombres, ha proliferado y trascendido clases. (Cualquiera no siempre en uso de sus facultades- está armado y presto a usar el artefacto que es fácil de comprar y usar aquí).
De acuerdo al Estudio Independiente de Armas 2001, citado por Kofi Annan a la sazón, las pequeñas tienen que ver con aproximadamente mil muertes por día en el mundo, siendo las mujeres y los niños la mayoría de las víctimas.
De acuerdo a las estadísticas de la Procuraduría General de la República, en el caso de los feminicidios, hasta agosto habían sido asesinadas violentamente 123 mujeres, diez menos que el año pasado, de las cuales 14 eran haitianas, 2 chinas, 4 alemanas, 1 española, 1 francesa y el resto dominicanas. Los feminicidas fueron 9 haitianos, 2 chinos, 1 alemán y 111 dominicanos, 7 de los cuales eran policías. Aunque la Procuraduría no especifica la manera de las muertes ni los escenarios, empíricamente podemos decir que la mayoría fueron con armas de fuego pequeñas.
Si bien se ha logrado disminuir las cifras del año pasado, 123 feminicidios son mucha pérdida para el inventario ciudadano, indicándonos que, además de restringir el uso masculino de las armas, hay que trabajar actitudes y prácticas machistas y depredadoras, para salvar a tantas mujeres y niñas que se mantienen, remedando a Somerset Maugham, en el filo de la navaja.
