En 1886, en Londres, el escritor Robert Louis Stevenson escribió una novela que le había sido revelada en sueños. Se trataba de El extraño caso del DR. Jekyll y Hyde. La novela causó sensación y ya para 1901 había vendido 250,000 copias, un récord para el período.
Lo importante de la novela es que esbozaba, mucho antes que Freud, los trastornos disociativos de la identidad, es decir las características de opuestos entre sí, de muchas personalidades, o lo que ha sido denominado como trastorno de la personalidad múltiple.
En la novela, el científico Dr. Jekyll se transformaba, vía unas sales, en Dr. Hyde, con la astucia de doce hombres y una inteligencia brillante, ocultando bajo una respetabilidad externa una lujuria y hostilidad interna. Esta obra se considera como un clásico de la hipocresía social.
En muchas ocasiones, mi compañero me ha acusado de tener cierta oculta fascinación por algunos de nuestros políticos, pero es una fascinación literaria. Los estudio, porque me interesan como sujetos literarios. De hecho, uno de mis juegos mentales favoritos es anticipar sus discursos y casi nunca me decepcionan.
El listado, desafortunadamente para nuestra pobre nación, de doctores Jekylls, masculinos y femeninos, es amplísimo, pero quiero hoy referirme a dos casos en particular: Aristide y el Dr. Ricardo Taveras Blanco.
El caso de Aristide se ha discutido en múltiples foros, comparando su incendiaria retórica populista con su práctica y la de su mujer, una primera dama cuyo hermano es un paradigma de la corrupción, dueño de múltiples balnearios y restaurantes de lujo y con cuentas mancomunadas en Europa, que toda la sociedad haitiana dice conocer. La mansión del hermano de la esposa del ex presidente preside una de las montañas más altas de Puerto Príncipe, donde el idiota se hizo construir un castillo que, para colmo, es blanco. Digo idiota, porque solo los idiotas exhiben de manera tan impudorosa su recién adquirida riqueza, recuerden a Quirino.
Aquí, el último episodio de la novela El Extraño Caso , es la entrega de 13,000 volúmenes a la Universidad Dominicana Henri Christophe, en el norte de Haití, mientras el director de Migración, puesto en ese cargo por el doctor Fernández, como retribución a quien su madre considera como el único político en que se puede confiar, les cierra la frontera a los trabajadores haitianos que fueron a visitar a sus familias.
El hecho de que a los guardaespaldas del expresidente no los hayan dejado pasar al otro lado, mientras el doctor Fernández hacía gala en francés de su proverbial inteligencia y don de gentes, es sencillamente un chiste del cosmos, señalando contradicciones que son ya, para nosotros, todos y todas, motivo de estudio.

