Opinión

Números cuadrados

Números cuadrados

Las estadísticas  de República Dominicana podrán ser tan auténticas como su crecimiento económico, pero sólo la creen y defienden la gente ligada al poder político. Para la inmensa mayoría se trata de números cuadrados para impresionar a la opinión pública, por un lado, y para ganar reconocimiento internacional, por el otro. Al plantear ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) que se modifiquen los patrones para medir el desarrollo, el presidente Danilo Medina no cuestionó los indicadores que presentan a este país como modelo de aplicación, sino más bien se quejó de que hacer la tarea no represente ningún tipo de ayuda o cooperación internacional. Su exposición ha vuelto a evidenciar el carácter conflictivo de las estadísticas.,  que desde siempre se han prestado a toda suerte de manipulación con diferentes propósitos.

  Ya antes el saliente presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, había alertado sobre la necesidad de una fiscalización más rigurosa de los indicadores económicos. La preocupación  derivaba de todas las marrullas que con el auxilio y la complicidad de bancos y organismos internacionales hicieron las autoridades griegas para ingresar a la Eurozona.  A lo largo de la crisis europea se ha comprobado que lo de  Grecia no era más que la punta del iceberg, puesto que no era el único país cuyas estadísticas contrastaban con la realidad de su sistema económico. Por ejemplo, en España, Italia y Portugal la crisis es más profunda de lo que decían sus informaciones.

Sarkozy planteaba sincerizar las estadísticas, de  forma tal que reflejaran la realidad al margen del pernicioso maquillaje para engañar a la comunidad internacional. Y Danilo que se modifiquen los patrones de medición para que países pobres, verbigracia República Dominicana, no aparezcan como ricos. Para uno el mal ha sido  el engaño, y  para  los deberes. Con este país como ejemplo, Danilo estima que una nación no debe dejar de recibir ayuda para el desarrollo solo porque el promedio de la renta nacional haya superado cierto umbral “arbitrariamente definido”.  Y de ahí su señalamiento de que medir el desarrollo  con base en la renta nacional per cápita conduce a decisiones que impactan de manera negativa en los esfuerzos por mejorar las condiciones de vida.

Quizás la nota más significativa  estuvo en que no se ufanara de unas estadísticas que sólo han contribuido a combatir la pobreza en el papel. Similar relevancia puede concederse al mea culpa, en cuanto a  reorientar los patrones de inversión y las políticas públicas para promover la equidad. Porque esa Arcadia con que se representaba  a este país está a la cola en desarrollo humano como resultado de una política que sí ha beneficiado a la clase que detenta el poder.

El Nacional

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