La confirmación cada año del criminal bloqueo contra Cuba, se produce de manera rutinaria desde que, en 1977, fue reformada la Ley de Comercio con el Enemigo. ¡Un acto de prepotencia imperialista que define el orden político vigente como un esquema político de dominación!
En este año, la firma estampada en el infame documento es la de Barack Obama, y esto hace todavía más infeliz el argumento de que es de interés nacional para Estados Unidos.
Además de prolongar el bloqueo, cuyos sustentadores llaman embargo en el afán de darle apariencia legal, con el Memorándum enviado a Hillary Clinton y a Timothy Geithner (Relaciones Exteriores y Comercio) el presidente de Estados Unidos reafirma su compromiso con la ultraderecha.
El presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA, Francisco José (Pepe) Hernández, declaró recientemente que Obama anuló las restricciones a los viajes de cubanoamericanos a Cuba por recomendación de la Fundación.
Esta medida pone fin a un insostenible anacronismo, pero la desacreditada FNCA se propone aprovecharla en su afán de reafirmar su posición en el poder.
La FNCA es un abominable engendro de la ultraderecha, y su presidente, además de ser amigo y cómplice del terrorista Luis Posada Carriles, está involucrado en atentados perpretrados en Cuba y ha realizado trabajo sucio en varios países por encargo de la Agencia Central de Inteligencia, CIA.
Cuando el pasado lunes Obama formalizó la prolongación del bloqueo, sencillamente mostró que tiene ataduras con la ultraderecha y que esas ataduras son tan fuertes que hacen ineludible el compromiso de mantener, en un nivel que ese sector considere aceptable, la agresión contra los procesos de cambio en América Latina.
La Ley de Comercio con el Enemigo, data de 1917, cuando Estados Unidos se preparaba para sacar ganancias de la Primera Guerra Mundial. En 1933 fue reformada para autorizar al presidente a imponer embargos a países extranjeros, y en 1977 se limitó su aplicación a situaciones de guerra o de emergencia que deben ser confirmadas cada año por el Presidente.
El apego a esta anacrónica pieza muestra que la ultraderecha, además de atar a Obama, le ha transmitido su desfase.

