Opinión

Obama y su blindaje

Obama y su blindaje

Todo lo novedoso tiene sus riesgos, y  Barack Obama no es una una excepción. Pero el mandatario entrante de Estados Unidos ha tenido la suerte de contar con un blindaje, que no es otro elemento que su popularidad y carisma. Los siniestros pronósticos que surgieron sobre una victoria electoral contribuyeron, cuando las posibilidades se convirtieron en reales, a revestirlo de un aura que ha devenido en su propio resguardo. Al salir al ruedo como un aspirante más, no se preveía que las circunstancias podrían ponerse de su parte hasta catapultarlo a la Casa Blanca.

Obama no era el primer precandidato negro ni tampoco el único que ha prometido cambio y esperanza. Sin embargo, en la medida que cobraba cuerpo la posibilidad de que podría vencer a la influyente Hillary Clinton comenzaron los fatales vaticinios de que si conseguía la candidatura no ganaba las elecciones y de si ganaba las elecciones no lo dejarían tomar el poder.

Tantos años de hegemonía blanca, la discriminación racial y la perversa propaganda, alejaban todavía la posibilidad, pese a los solemnes discursos sobre igualdad y derechos humanos, de que un político de color gobernara Estados Unidos. La llegada de una familia negra a la Casa Blanca no se hubiera dado ni  podría mantenerse durante mucho tiempo sin un fuerte blindaje.

La crisis que hundió los mercados, marchitando aún más la imagen del presidente George W. Bush, convirtió a Obama en  símbolo, que torna en  locura de impredecibles consecuencias cualquier atentado en su contra. Con la tensión que se verifica, hasta una mirada cruzada al carismático Obama  puede causar estallidos sociales en Estados Unidos y todos los confines.

Al menos hasta que pase el encanto de los primeros dos años, con Obama no se podrá inventar, aunque dependiendo, por supuesto, de cómo se conduzca ante la tormenta financiera que ha dado al traste con el liderazgo internacional de Estados Unidos y a escándalos  como la comercialización de su vacante senatorial protagonizada por el gobernador de Illinois.

Obama tampoco puede perderse en detalles ni dejar pasar el tiempo para tomar el toro por los cuernos. A pesar de sus nobles cualidades y  su mensaje de esperanza, Obama sabe que su elección no ha sido ninguna apuesta sino resultado de una coyuntura que lo favoreció. Sólo así podía ganarle a un político íntegro y pragmático como John McCain, autor  con Edward Kennedy de una de las leyes de migración más progresistas.

Su popularidad es el mejor blindaje, pero amén de que no todo es color de rosas gente de su futuro gabinete ha dado lugar a conjeturas. Se cuestiona, por ejemplo, que el jefe de esa importante posición, Rahm Emanuel, fuera de los principales destinatarios de fondos de riesgo y representante de acreditadas firmas de seguros y de inversiones. Otras dos figuras  del equipo económico, Robert Rubin y Lawrence Summers, están implicados en la desregulación bancaria que precipitó la  crisis.

La suerte está echada.

l.casanova@elncional.com.do

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El Nacional

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