Opinión

OCES Y ECOS

OCES Y ECOS

Las palabras, por pequeñas que sean, poseen su valor y una función definida, solo que a veces el rol de una depende de otra que la modifica.  Los  artículos “el” y  “la” tienen ese privilegio delante, por ejemplo, del término cólera, para determinar que no es lo mismo  la cólera sentida al observar lo poco que se hace para evitar la propagación del cólera.

En estos días se ha hablado de  la integración de  República Dominicana como “miembro de pleno derecho” del Sica, y la gente reflexiona: “Ingresamos  ahora al Sica, pero en la sica  hace mucho  que estamos”. Los dominicanos nos confundimos en cuanto al género del acrónimo del Sistema de Integración Centroamericano.

Vivimos en un  país donde la basura descuella heroicamente,  frente a hogares, escuelas, hospitales, templos o sedes de instituciones públicas, con su secuela de moscas, ratas y pestilencia. El poeta Pedro Mir proclamó alguna vez que  el nuestro es un país que no merece el nombre de país, “sino de hueco, tumba, féretro o sepultura”. Pero no es eso solamente.

 Se trata de un  miembro de pleno derecho de la sica, aunque eso no les otorga a  sus ciudadanos  la oportunidad de  ser tratados en igualdad de condiciones, pues  mientras unos pocos se dedican a embarrar, otros –los muchos- resultan embarrados. Unos alumnos del liceo  Argentina fueron despachados porque  las autoridades  clausuraron la tanda nocturna. Son los embarrados.

Cuando nuestro país ingrese formalmente al Sica disfrutará  los mismos derechos  que tienen los siete países del istmo centroamericano y podrá participar en  los órganos técnicos y políticos que regulan los acuerdos de cooperación y las políticas sectoriales, pudiendo incluso ostentar la presidencia rotativa del organismo.

Ojalá  allí  encuentren colocación  muchos  de nuestros políticos, que son buenos hablando, produciendo y removiendo  sica. Este vocablo, aunque no lo registra el DRAE,   es  es un dominicanismo  eufemístico para evitar esa palabra tan grosera y pestilente con que se nombra al producto de la evacuación intestinal.

Insistiendo en las palabras. Sicario, es la que se usa para referirnos al asesino a sueldo. Pero bien pudiera ser el  lugar donde se deposita la sica, así como relicario es el lugar donde se guardan las reliquias. Desde luego que los sujetos que asumen  el  nefasto oficio  de matar no pueden ser otra cosa que retretes ambulantes.

Que República Dominicana  esté en la sica, no quiere decir que  el país sea un   “sicario” o letrina, aunque  lo parezca. A propósito de este artículo descubro  el vocablo sicalipsis,  definido como acción de untar, frotar. Lo asocio con el territorio cuyos habitantes andan como untados de sica, ahora que  entramos de pleno derecho al Sica.

El Nacional

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