El alza del 30% del salario mínimo que dispuso el presidente Nicolás Maduro para amortiguar la crisis en Venezuela se ha convertido en punto de conflicto. La alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática la ha calificado de “francamente insuficiente”, basada en el 56. 4% de la inflación en 2013 y de 10.1 en lo que va de año.
El aumento fue un reconocimiento del gobierno venezolano de que el poder adquisitivo ha disminuido y, como tal, había que mejorar la capacidad de consumo de los sectores de más bajos ingresos.
Ya en enero Maduro había anunciado otro aumento salarial de un 10%. Pero las fuerzas políticas y sociales de Venezuela están que no dan tregua, a pesar del diálogo que mantienen para bajar la tensión y la violencia que ha costado la muerte en los últimos tres meses a más de 40 personas.
El desabastecimiento y la carestía de productos básicos han sido la chispa de los movimientos sociales, que el gobierno ha atribuido a una conjura para desestabilizarlo.

