José Batista es una de esas personas de noble corazón y buenas intenciones que crecen en sectores marginales de cualquier pueblo.
El ser humano de quien hablamos es un incansable trabajador, arreglador de abanicos, quien además de ser un hijo adoptivo del Barrio 27 de Febrero, representa un orgullo para todos. Un verdadero ejemplo de resistencia y perseverancia.
Puchuchún desde muy pequeño adquirió una discapacidad luego de recibir una patada de un équido en su pueblo, la que no ha sido óbice para vivir con dignidad del oficio que ejerce.
Aun así este hombre no se da por enterado que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (ONU), alrededor de mil millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, día que tuvo su origen en la culminación del Decenio de las Naciones Unidas para las Personas con Discapacidad, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 3 de diciembre de 1982.
José es nativo de la provincia de San Fernando de Montecristi, quien hace mas de cuarenta años vino a la capital cargado de sueños con una parte importante de su familia.
El Puchy, como le llaman también, es el técnico electrónico de mayor clientela de la barriada, es un trabajador inagotable, un ser extraordinario, que a pesar de su ligera limitación motora, la que ejerce con dedicación, es un obrero independiente que se levanta a pies juntillas con el sol dispuesto a ganarse la vida honradamente arreglando abanicos, bombas de agua y todo efecto eléctrico que llegue a su pequeño taller ubicado en la calle Doña Chucha del sector 27 de Febrero.
Desde que Dios amanece muchas personas del entorno se dirigen al atestado taller de José. Muchos van hablar de política, algunos a analizar los juegos deportivos y otros a pedirle algo de dinero.

