Opinión

Oxfam Haití

Oxfam Haití

Ernesto Guerrero

Una vez que ocurrió el terremoto en Haití, me dirigí presuroso a Petión Ville, con la esperanza de que mi vivienda estuviera en pie. Durante el trayecto repleto de escombros y desolación solo se escuchaban algunos llantos pero sobre todo cánticos, (la gente cantaba). Repentinamente en el frente de un edificio en ruinas, asomaron unas 20 mujeres de vestimentas extravagantes, que imploraban en español.

Eran dominicanas, impactadas por la tragedia y asustadas por la multitud de gente que se empezaba a aglomerar a ver este inusitado espectáculo. ¡Vámonos! Aquí, corren peligro -¿pero dónde? -a la embajada. Así cual flautista de Hamelin, y con el séquito más chocante de la noche, caminamos hasta llegar a nuestro refugio.

Imprudentemente logré penetrar a mi apartamento y rescatar algunas latas de comida, que presuroso fui a llevar a mis protegidas. Luego, el embajador de modo muy cortés me informó que las latas de chile jalapeño que traje, destrozaron las tripas de algunas mujeres. Además, los guardias de seguridad descuidaban el servicio por estar cortejando a los nuevos huéspedes.

Durante los meses siguientes, mi misión como jefe de agencia en Naciones Unidas, era proteger las vidas y bienestar de las personas con sida además de abogar por los derechos de los grupos vulnerables, no solo trabajadoras sexuales y homosexuales sino también mujeres y niñas que fueron víctimas de la brutalidad de algunos hombres en quienes despertó el instinto animal.

Durante las semanas y meses siguientes, los juegos de azar, el crimen, la prostitución y las tasas de embarazos en adolescentes aumentaron vertiginosamente. En medio de la barbarie, llegó gente de todas las latitudes. Unos con fines de ayudar, en tanto otros, solo buscando recursos financieros, tal como predadores que se disputaban los despojos de una presa malherida.

Jóvenes voluntarios que trabajaban durante el día, no tenían nada para mitigar el ocio, durante las largas y oscuras noches. Del consumo de alcohol se pasó al sexo y desafortunadamente, algunos de estos rescatistas involucraron a los desplazados en sus fiestas y juergas. Esta inconducta que no fue sancionada a tiempo, es la causa de que Oxfam y muchas otras ONG sufran del escarnio público.

El Nacional

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