Opinión

Pactos políticos

Pactos políticos

(1)

Las encuestas políticas realizadas con rigor, han dejado establecido fuera de toda duda que la población dominicana está urgida de un cambio, no solo en la forma de ejercer esa ciencia, sino de los propios políticos que se aferren a continuar asumiendo los hábitos que han saturado a votantes que, de forma progresiva, han ido tomando conciencia de las consecuencias positivas que genera su vinculación con la práctica ciudadana.

Es un fenómeno que no es exclusivo de este país, sino que ejemplos abundan de sucesos insospechados hasta hace poco, que han derribado circunstancias que se consideraban incólumes, las cuales se reciben con asombro ante su naturaleza sorpresiva. El mundo está en un proceso de transformación vertiginoso. Las redes sociales y las tecnologías de la información han jugado su papel y hoy no resulta tan fácil a los farsantes históricos salirse con las suyas como si nada hubiese ocurrido.

La conocida arritmia en la concretización de los sucesos entre nosotros continúa produciendo retrasos significativos en asimilar fenómenos que con mucha antelación se han presentado en otras latitudes, pero con todo y ese desfase, los dominicanos al fin y al cabo nos ponemos al día.

A partir de la finalización formal de la dictadura hasta hace relativamente poco, en esta nación el tiempo y los acontecimientos parecían estar frisados. Los mismos partidos; idénticos mecanismos; iguales chanchullos; abusos incalificables; reacciones tenues. En fin, un círculo vicioso en que sucedía todo y nada pasaba.

Eso dejó de ser así. Quizás no con la contundencia que anheláramos, pero son cada vez más evidentes los signos del agotamiento del pasado; de los esfuerzos por la construcción de un presente diferente que nos permita soñar con un porvenir mejor. La gente empieza a descubrir que otras formas no solo son posibles, sino que estamos al límite para propiciarlas o nos arriesgamos a que el desastre pueda ser el epílogo.

La nueva realidad que poco a poco se va configurando, constituye una oportunidad para alcanzar la consolidación de una democracia cuya transición se ha prolongado más allá de lo esperable. Se trata, no obstante, de variable que no opera por sí misma.

Precisa ser interpretada de manera correcta; estructurar respuestas adecuadas; tener la firmeza necesaria en las ideas y la inquebrantable voluntad para implementar acciones imprescindibles para sepultar definitivamente el pasado y abrir las puertas a la novedad. No se logra reciclando lo viejo ni pactando con él.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación