El 20 de diciembre de 1989, el gobierno de Estados Unidos, encabezado entonces por el George Bush conocido en el resto del mundo como Bush padre, desplegó en Panamá 26 mil soldados, a los cuales se unieron los que estaban en la base militar. Operación Causa Justa, es el nombre en español de esta agresión imperialista.
Hoy, el poder hegemónico ensaya otra forma de sometimiento. Utiliza a Ricardo Martinelli, un presidente ultraderechista, para dar apariencia legal a su proyecto de instalar bases militares en la costa del Pacífico del territorio panameño.
De la invasión se puede hablar en pasado, pero el proyecto de instalar bases militares, es una amenaza presente, una ofensa a la dignidad de nuestros pueblos, una violación a la soberanía.
El pretexto utilizado en 1989 fue que la administración encabezada por el ex jefe de la desacreditada Agencia Central de Inteligencia, CIA, debía capturar al gobernante Manuel Antonio Noriega, antiguo aliado de Estados Unidos convertido en su enemigo.
Los invasores destruyeron las instalaciones militares de Panamá y mataron miles de panameños (la Iglesia Católica habla de 655 muertos y 2007 heridos, y otras organizaciones cuentan por miles las víctimas, sobre todo en el barrio El Chorrillo, donde estaba el cuartel central).
Hoy, los pretextos son la lucha contra el narcotráfico y el combate al terrorismo; pero los verdaderos propósitos son el espionaje, la agresión y la guerra sucia contra los gobiernos progresistas.
Estados Unidos se propone incrementar la presencia militar en Panamá y en Colombia, y sembrar bases militares pasando por encima incluso a las instituciones nacionales de esos países.
En 1989, Guillermo Endara asumió la presidencia abrigado en una base militar yanqui. Hoy, Martinelli, acepta sin estupor las bases yanquis. Dos momentos distintos, con dos manifestaciones de abyección que tienen, en esencia, la misma definición.
En 1989, el embajador de Estados Unidos, Arthur Davis, discípulo del siniestro diplomático John Maísto, participó personalmente (junto a su hija, incluso) en manifestaciones de la derecha panameña, y contribuyó a formar una opción de derecha. Su sustituto, el conocido Deane Hinton, actuaba hacia Endara como padre castigador, obligándolo a cumplir las órdenes de Washington.
La actual embajadora, Barbara Stephenson, participó en la articulación de la alianza de ultraderecha que llevó a la Presidencia al acaudalado Martinelli, capitalizando el descrédito del gobierno del comerciante Martín Torrijos.
Es deber de conciencia recordarle a Martinelli que no es dueño de Panamá y no puede regalarle a Stephenson el territorio, por agradecido que se sienta.
