República Dominicana vive, en la actualidad, una efervescencia político – partidaria, y el ruido ensordecedor a que esto conlleva, nos subyuga aunque no tengamos vela en el entierro. Este ruido perturbador y asfixiante es solo ruido, y nada más que eso: denostar al otro, prometer falsedades, ensayar discursos, rememorar historias de otros para justificarse por esa vía, hacer diagnósticos que ya son alto conocidos; “nada nuevo bajo el sol”.
Estos son pues, mensajes individualistas, rutinarios, y faltos de esencias, más bien son cliché. Y es aquí donde echamos de menos la referencia al asunto esencial, un discurso donde, aun en forma de promesa electoral, nos conmueva por lo menos describiendo con precisión, y bordeando el qué harán con la invasión haitiana que nos abate y amenaza nuestra existencia como nación de mujeres y de hombres con dignidad.
Sea por miedo, incapacidad o complicidad poco disimulada, los partidos se niegan a presentar una plataforma programática que mire en dirección a los peligros de fusión por lo que transita, de manera inducida, la soberanía nacional y el territorio dominicano.
Ellos están en la obligación de demostrar que como compromisarios con la soberanía e identidad nacional deberían estar dispuestos a evitar, a toda costa, que el país sucumba frente Haití, país del cual nos liberamos con dignidad y decisión en el 1844.
La nación, su soberanía, símbolos, cultura e historia están siendo arrojadas a la boca del lobo feroz e insaciable. ¿Cuál es el abismo oscuro y profundo hacia donde nuestros gobiernos, los partidos políticos, y buena parte de la sociedad civil nos han conducido? Sin duda que estamos hablando de la fusión con Haití, una tragedia tramada con el verdugo de ayer que es el mismo hoy, pero con apoyo local e internacional. Su actitud revela que, pretendiendo un humanismo alto distorsionado, están más identificados con los intereses haitianos que con el presente y el porvenir del país, al cual colocan, con fuerte indolencia, en plena orfandad.
Es por eso que, al escuchar parte de las alocuciones de la 74 Asamblea de la ONU, principalmente lo que correspondió al presidente Donald Trump, sentí estar frente a un paralelismo que angustia por estar en contraste con la realidad que nos ha tocado vivir. Veamos algunas de sus consideraciones :
¿Vale la pena defender patrimonio, tradiciones y costumbres. No destruir la cultura, sentir amor y orgullo por su país , amor a su nación?
El futuro no es del globalismo, el futuro es de los patriotas, pertenece a las naciones independientes , soberanas, que protegen a sus ciudadanos.
Si se quiere democracia y paz, hay que amar a su país. Si quieres libertad, tiene que estar orgulloso de tu país.
