Las insatisfacciones provocadas por las dos organizaciones mayoritarias motivan a mucha gente a propugnar por el surgimiento de un partido político diferente, lo que resulta imposible desde mi punto de vista.
El PLD y el PRD son dos grandes muestras de la sociedad dominicana. En ellos se hallan todos los defectos y las virtudes de un pueblo pobre y sin educación, donde las instituciones son débiles y las leyes se respetan muy poco.
Hablar, pues, de un partido diferente habría que pensar en formarlo con chinos o alemanes, para solo citar dos países cuyos habitantes tienen mayores niveles culturales y la disciplina es una de sus principales características. El PLD, originalmente, fue algo diferente mientras tuvo al profesor Bosch a la cabeza y era un partido de cuadros educados y disciplinados, pero inmediatamente se masificó y llenó de reformistas (¡ay madre mía!), se convirtió en auténtica muestra de la sociedad que nos gastamos.
Lo único que separa a un partido grande de uno pequeño es el número de militantes, más nada. En todos están presentes los vicios y las distorsiones de la política, concebida desde una óptica científica. ¿Qué puede llevar a pensar, en consecuencia, en la posibilidad del nacimiento de un partido diferente? Es imposible.
Posible es encontrar, en nuestro país, a personas honorables, intelectualmente bien formadas, con vocación de servicio y la voluntad requerida para solucionar, desde el poder, muchos de los graves problemas que atraviesa la sociedad dominicana. Dominicanos con esas características se encuentran inclusive en los partidos tradicionales, pero carecen de la fortaleza suficiente para hacer valer sus ideas. Regularmente no les hacen caso.
De todos modos, el terreno es fértil para el surgimiento de una figura adornada de buenos valores, fuera o dentro de los partidos grandes.
