El surgimiento del liderazgo de Hugo Chávez, en Venezuela, estuvo motivado en el vacío político, con la descalificación moral de los dos partidos tradicionales, el Copei y Acción Democrática.
La situación de descrédito de las dos grandes organizaciones políticas dominicanas no es menor a la que registró Venezuela en la década de los 90. Posiblemente el PLD y el PRD superen en decadencia moral a esas antiguas entidades de ese hermano país.
El gobernante Partido de la Liberación Dominicana ha roto todos los records en materia de corrupción administrativa. Todas las mediciones colocan a República Dominicana entre los países que registran mayor malversación de fondos públicos.
Cuando los miembros de la cúpula del PLD no habían ocupado puestos estatales se les veía a pie, abordando guaguas y carritos de concho. Hoy no se inmutan en hacer públicas sus multimillonarias declaraciones de bienes.
Las fortunas de los miembros del Comité Político del PLD no tienen comparación. El PRD solo gobernó cuatro años en casi tres décadas. Naturalmente, las intenciones eran evidentes en muchos de los miembros del entorno de Hipólito Mejía en la campaña electoral.
Además, el PRD se ha quedado sin ideología, cada día se desliga más de las causas nobles y las inquietudes sociales de la población. Para colmo está dividido entre dos líderes que no tienen nada que ofertar.
El problema de Hipólito no es la incapacidad y la chabacanería. Es un hombre de derecha, que no se identifica con causas progresistas. Y Miguel Vargas es un personaje de la sombra. Nada de lo expresado por Sobeida Félix es sorpresa. Hablar de unidad en el PRD no tiene sentido. El PRD y el PLD son dos partidos dañados.

