La corrupción y la necesidad de normar la vida interna de los partidos para evitar el transfuguismo, su permeabilidad por el narcotráfico y el tiempo de proselitismo, son temas recurrentes cada cuatro años, pero ni los partidos Revolucionario Dominicano (PRD) y de la Liberación Dominicana (PLD) han hecho nada cuando han tenido mayoría en el Congreso para legislar y combatir esos flagelos.
En forma reiterativa algunos legisladores atrevidos reintroducen proyectos tendentes a combatir la corrupción pero se caen por falta de apoyo de sus compañeros y organizaciones.
Cualquier legislador que comete la osadía de presentar una iniciativa tendente a adecentar las relaciones que norman los ciudadanos en cada una de sus actividades son vistos con ojerizas por sus colegas que en la mayoría de los casos preguntan que si consultó al partido para eso.
En cada elección congresual, municipal y presidencial se recurre al argumento de la corrupción, del uso de los fondos del Estado, del transfuguismo como elementos para descalificar al adversario.
El PRD tuvo mayoría absoluta en 1998 y 2002 para introducir las reformas necesarias en materia electoral que tiendan a que la actividad política no se vea como un negocio, como forma de escalar socialmente sobre la base de la compra y el chantaje.
Esa mayoría pasó a manos del PLD del 2006 a la fecha sin que las referidas iniciativas hayan sido conocidas y sancionadas.
La Ley de Partidos Políticos tan reclamada por la sociedad tiene más de 10 años que cursa en el Congreso Nacional y los perredeístas y peledeístas no han podido ponerse de acuerdo para aprobarla.
La Junta Central Electoral (JCE) en junio del 2011 auspició un seminario internacional junto con el Senado y la Cámara de Diputados y allí se consensuó en más de un 90 por ciento una Ley de Partidos.
La JCE pensó que esa iniciativa iba a ser aprobada antes de que concluyera el pasado año. Calculó mal.
Actuar con manos sueltas para mantener el clientelismo y la compra de conciencia se impone a los partidos, y su discurso de moralidad y decencia depende si se está en el gobierno o la oposición.
Gastos de campaña
Los partidos derrochan cientos de millones de pesos en publicidad y propaganda política durante la campaña, con cuyos fondos se pudiera resolver problemas de decenas de comunidades.
Más de dos mil millones de pesos han gastado los partidos en diferentes actividades proselitistas.
Hay demarcaciones en el Suroeste donde el regadío de sus plantaciones está paralizado por falta de una pieza para una bomba de agua que cuesta menos de 15 mil pesos.
La deuda con productores de arroz, cebolla y otros rublos no alcanza los mil millones de pesos.

