POR: Leandro Guzmán
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En los últimos tiempos, el avance de los pueblos de América Latina en cuanto a irse desligando de partidos políticos populistas y corruptos, es lo que explica que la izquierda pueda exhibir logros sostenidos en su avance hacia el Poder. Parecería como que las grandes masas marginadas estén despertando del letargo impuesto por las grandes potencias, a las que lo único que les interesa es la conquista de territorios ajenos, principalmente aquellos que poseen grandes recursos naturales no renovables, como el petróleo y el gas.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano siempre nos ha recordado que la pobreza de nuestros países es la riqueza del imperio depredador.
La siembra de la miseria moral, política, cultural, religiosa, económica, comenzó con el descubrimiento, conquista y colonización de nuestra América en el siglo XVI, por parte de los invasores europeos.
El origen de los males actuales está en el pasado de una perversa explotación de los recursos naturales y humanos, para beneficio único de las metrópolis imperiales
La persistencia de la pobreza y de la inequidad en el reparto de la riqueza son caldo de cultivo para cualquier estallido popular, hasta ahora contenido porque no se han presentado las coyunturas históricas y políticas.
Estos problemas que están en la base de las estructuras latinoamericanas, siguen sin atenderse. Esto significa que hay una deuda pendiente con los pueblos de América Latina. Es una deuda histórica que cabe reclamar, como contraparte a la acción depredadora de los recursos y de las potencialidades económicas provenientes de la deuda externa.
Hasta ahora, la actitud de los pueblos se ha limitado a escoger gobiernos de encabezados por figuras populares, con fachada democrática, puesto que ninguno se puede enmarcar como radical. No se puede tildar de radicales a los presidentes de Bolivia, Perú, Argentina, Brasil o Ecuador, como tampoco sucederá con Salvador Sánchez Cerén, del gobernante Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) aunque tenga que ir a una segunda vuelta pautada para el 9 de marzo en Costa Rica.
En las elecciones de Costa Rica del 2 de febrero pasado, el candidato Luis Guillermo Solís Rivera, del Partido Acción Ciudadana, obtuvo un 30,84 % de los votos, Johnny Araya Monge del Partido Liberación Nacional, obtuvo un 29,64 %. Tampoco Solís Rivera podrá ser señalado como un radical de izquierda.
Si los pueblos han echado la mirada hacia la izquierda es porque están cansados de los gobiernos tradicionales que no han hecho más que mantenerlos, como en el pasado, en la miseria más absoluta y golpeados por un sistema neoliberal que espanta.

