Opinión

Pedófilos consagrados

Pedófilos consagrados

El Tribunal Permanente de Peravia, condenó al pastor evangélico Alexis Cuello Báez, acusado de violar sexualmente a varios menores a 20 años de prisión  y acogiéndose a la petición de la fiscal adjunta Cecilia Báez, del Tribunal de Atención a Víctimas de Violencia  Intrafamiliar, Sexual y de Género de  Peravia.

Las evaluaciones médicas por la doctora Mercedes Félix, así como los interrogatorios, evidenciaron la actuación de Cuello en las violaciones perpetradas dentro del templo que regentaba en Baní. A la fiscal adjunta Cecilia Báez y a la doctora Félix, hay que felicitarlas por el empeño en su trabajo.

Imaginamos que la iglesia a la que pertenece el pastor inculpado también colaboró para la investigación, aunque solo sea no entorpeciendo y permitiendo que el hecho se hiciera público, algo corriente en el deber ser y que no habría que mencionar si no estuviéramos costumbrados/as a ver la doble moral de las instituciones y jerarquías eclesiales, sobre todo católicas: no queda más que resaltar las acciones positivas, cuando aparecen.

Y no es que la pedofilia sea el crimen preferido de los hombres consagrados, entre los de corrupción, mentira y el crimen de la apariencia, sino que estos “representantes de Dios”, se ubican en las religiones por la oportunidad de la función para el acercamiento a las criaturas, pudiendo dar el zarpazo impunemente.

En nuestro país, muchas personas hemos escuchado historias encubiertas de sacerdotes, caso de la Iglesia Católica, que señalan crímenes sexuales contra menores, niñas y niños, y hasta es posible, contadas por las mismas víctimas ya adultas, sin la fuerza para someter a los agresores a la justicia y mucho menos, confesar públicamente su situación. La institución de la Iglesia Católica, sobre todo, es poderosa en una gran parte del imaginario dominicano, empezando por las autoridades que son débiles frente a ella.

En el albergue infantil «La Ciudad del Niño, San Francisco Javier», en San Rafael de Yuma, Higüey, varios sacerdotes supuestamente abusaban sexualmente de 12 menores desde hacía varios años, con confesiones escalofriantes como la de una niña, contando las veces que habría sido llevada en la «yipeta» de un sacerdote, donde era abusada por él, que también lo hacia en la iglesia y en la casa curial.

El caso fue manejado con tanta discreción por las autoridades que del resultado nunca se ha sabido nada, a pesar del traslado del obispo de esa diócesis y la promesa del sustituto de investigarlo. La cárcel de Higüey se quemó al poco tiempo, sucumbiendo los presos imputados, ningún sacerdote encarcelado. Más tarde, el diácono implicado, también murió de hemorragias internas nunca investigadas. Y punto. ¿Se terminó la historia? ¿Dónde estarán esas doce niñas destruidas?

El Nacional

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