Las estadísticas arrojan resultados dramáticos sobre el motoconcho en Santiago. No importa que la Policía diga que las víctimas en lo que va de año sean solo cinco y la federación que agrupa a los motoconchistas que son 59. La realidad es que ejercer el motoconcho en Santiago no es ni por asomo el mejor de los oficios. Recurrir a ese medio para ganarse el sustento es como firmar un pacto con la muerte.
Los motoconchistas son atacados para despojarlos tanto de su unidad de trabajo como de los pesitos que se han ganado. Para protegerse y proporcionar más seguridad a los usuarios, los motoconchistas de Santiago se han organizado.
Pero la criminalidad se ha cebado contra ellos. Ha habido casos, como el de José Ricardo Manzueta Pérez, que se han prestado a conjeturas.
Porque a Manzueta Pérez, de 33 años de edad y acribillado a balazos en la urbanización Las Antillas, no lo despojaron de la motocicleta ni de sus pertenencias. El suceso no quita, sin embargo, que ejercer el motoconcho sea un verdadero riesgo en Santiago.

