Ni el tiempo ni el olvido serán suficientes para borrar del recuerdo de los dominicanos la imagen, la bonhomía y las ideas del doctor José Francisco Peña Gómez; trabajador, dirigente y líder incuestionable del Partido Revolucionario Dominicano.
Porque abracé sus ideas hasta la hora de su muerte, y porque me abrió los brazos para crecer políticamente, me siento con las vivencias y la autoridad necesaria para reseñar, aunque sea tangencialmente, algunas pinceladas de su trayectoria pública.
Es mucho lo que se ha dicho de sus orígenes, de su infancia, de su ascenso, de sus condiciones como orador, de su rol internacional, del acoso a que fue sometido por sus adversarios internos y externos, en fin, de las barreras que se le opusieran para que no llegara al Palacio Nacional.
Hay algo que la vida reserva a ciertos seres humanos. ¿Cuántos dominicanos bien dotados, profesionales, acaudalados, artistas, han podido crecer, ostentar un liderato político nacional sólido, y romper las fronteras del país, y expandirse por el mundo, como lo hizo Peña Gómez.
Abrazó desde 1962 la defensa de las libertades públicas y de los derechos de los más pobres. Se incorporó a la delegación del PRD que llegó al país el 5 de julio de 1961. A base de disciplina, estudio y trabajo, se ganó la confianza de sus superiores, y, en pocos años, se colocó por encima de sus iguales, mostrando las credenciales que habrían de encumbrarlo unos años después.
Sin miedo a las persecuciones y a la muerte, recorrió el país, desafiando la ira de los remantes del trujillismo, hasta que Juan Bosch ganó las elecciones el 20 de diciembre de 1962.
Lejos de amilanarse, resistió el golpe de Estado del 25 de septiembre 1963, y, junto a otros patriotas, conspiró abiertamente contra el Triunvirato, que encabezó Donald Reíd Cabral.
El 24 de abril de 1965, su voz , a través, de Tribuna Democrática, se esparció como pólvora por todos los ámbitos del país, llamando a los dominicanos, a cerrar filas en la lucha para reponer la constitucionalidad perdida, y devolverle el mando de la nación al profesor Juan Bosch.
Cuando Bosch deja el PRD para fundar el PLD, Peña Gómez asume el liderazgo de esa organización, conduciéndole al poder en el 1978. En esa oportunidad, y en 1982, los prejuicios sociales y el mote de comunista, le impidieron ser el candidato presidencial del PRD, a pesar de ser la mejor opción de su partido.
Superó exitosamente la división del PRD en 1990, y cuatro años después, como candidato, es víctima de uno de los robos electorales más espectaculares de la época.
Muere el 10 de mayo de 1998, y el 16, el PRD gana las elecciones de medio término, y luego en el 2000, alcanza nuevamente el poder.
Once años han pasado desde su muerte, y las lágrimas siguen llorando por su ausencia.

