Opinión

Pensamiento ético

Pensamiento ético

Acercarse al pensamiento ético que primó en Duarte y los demás Trinitarios para proclamar la Independencia, debería ser un compromiso. Ese pensamiento sigue impactando no obstante el paso del tiempo, pues contracta con modelos antítesis con los cuales se ha venido manejando al país.

Esa visión vertical sobre el progreso de la nación, partiendo principalmente de la condición de país independiente y de soberanía plena, sin mandatos foráneos, fue el trazado de una línea de actuación para conseguir los objetivos de progreso con autodeterminación y apego a lo propio.

Ese pensamiento ético fundacional no es, desde hace varias décadas, el que rige en la práctica política del país pero es pertinente rescatarlo para todo el quehacer político, familiar, y social. Esa visión y actitud ética de los y las independentistas que impulsaron la gesta del 1844, cumple ya los 176 años.

Al recordar ese grito libertador que puso fin a la ocupación haitiana de 22 años, preciso es reconocer que, no obstante el tiempo sigue siendo el referente autóctono obligado.

Amargo, pero muy real, es que esta fecha de gloria encuentra al país sumergido en un charco de corrupción e intereses particulares que no encarnan la decencia, el progreso, ni la honestidad en las instituciones gobernantes, a modo general. Así lo muestra la recién suspendida elecciones municipales del 16 de febrero del presente año, donde esos intereses se impusieron bajo la forma de sabotaje, y las elecciones hubieron de ser suspendida, frustrando así el interés social por cambiar autoridades de turno.

Lo ocurrido es lo más alejado del comportamiento ético en el ejercicio de la política. Un sabotaje de impacto sin precedente, ha dejado la estela de desconfianza e inseguridad en las instituciones oficiales, pero aun así, la Junta Central Electoral ni renuncia, ni ha dado una explicación de contundencia sobre lo ocurrido.

El Nacional

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