Podrá ser muy patriótica, pero no pasará de un gesto la explicación que varios países de América Latina han pedido a Estados Unidos sobre el escándalo del espionaje masivo denunciado por el exanalista Edward Snowden.
De hecho, ya Washington declaró que la violación a la soberanía de las naciones afectadas había sido a nombre de la seguridad mundial. El escándalo evidencia cómo ha cambiado la correlación de fuerzas en la región.
En otros tiempos las movilizaciones y consignas contra el imperialismo yanqui fueran intensas e incesantes.
Pero hoy el caso es como si a nadie le importara. Tendría más sentido, por tanto, que Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, México y Colombia apoderen del caso a las Naciones Unidas. Aunque la acción tampoco prospere por el peso y control de Washington de la organización. Tan así es, que hoy se habla más de la suerte del fugitivo Snowden que del delito en que incurrió Estados Unidos con el inédito espionaje masivo.
