Opinión

Piedras hacia atrás

Piedras hacia atrás

En la elección casi inevitable que debió hacer el Presidente de refugiarse en su partido e intentar que se dejara atrás el pasado apostando todo al futuro, podría estar plantada la simiente de lo que se convertiría en un paso anodino por el poder, en tanto y en cuanto se daría la espalda a la atractiva consigna electoral de hacer lo que nunca se ha hecho, volviéndose a transitar los caminos que conducen a los mediocres resultados de siempre.

 Es incompatible intentar ser novedoso en la conducción de un Estado tan necesitado de ser estremecido como el nuestro, recurriendo a los mismos y viciados protagonistas, sin hacer nada que les sirva para escarmentarlos en sus inconductas inocultables. Ante ese comportamiento, lo previsible es que se reiteren las impunes afrentas.

 La alternativa elegida por el Presidente implica la preservación de la histórica impunidad, tan causante de los males históricos que nos agobian, con la agravante de que eso se produce en una circunstancia en que, al fin, sectores sociales empiezan a establecer la indisoluble relación entre una cosa y la otra, la gente manifiesta su irritación por el descaro y, por ello, reclama consecuencias.

 El actual equipo gubernamental debería estar consciente de que tienen características muy particulares no solo los gritos de protestas que se están levantando en toda la geografía nacional contra una situación política cuyos sustentadores vienen construyendo desde hace tiempo las causas de su fracaso, sino la clase social que se ha involucrado en los mismos, a la cual no resultará fácil adormecer con métodos clientelistas. En ese sentido, ni el presente será halagüeño ni el futuro estará garantizado sin afectar de manera responsable el pasado. Podrían acercarse momentos de grandes definiciones.

Es imposible pretender que, al mismo tiempo en que el país es impactado por la información de que la economía dominicana está al borde de precipitarse por un abismo insondable después que nos la vendieron como algo blindado ante el descalabro internacional, se acepte como bueno y válido que a los responsables de esa contradicción manifiesta ni siquiera se les pida explicación del uso que hicieron de tan descomunal suma de dinero sin que puedan exhibir la solución de uno solo de nuestros gravísimos problemas.

En esos reclamos legítimos es donde radica la lógica de las piedras que hay que lanzar hacia atrás. Sin ellas, no sería posible construir, como pretende el Presidente, un porvenir diferente.

El Nacional

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