Pirulí era un pajarito que vivía en el campo.
-Un día se encontró con una gaviota presumida que le dijo: -¡Qué vida tan mísera la tuya, Pirulí!
-¡Mira que pasarte toda la vida volando de árbol en árbol, sin ver nunca otra cosa¡ Yo al menos conozco el mar y los grandes espacios
Es verdad, pensó Pirulí suspirando.
-Siento que papá y mamá no estén de acuerdo, pero necesito irme de aquí a conocer otros mundos.
– ¡Ya no puedo soportar más esta vida tan monótona! Dicho y hecho.
– Contento de su decisión, Pirulí remontó el vuelo y siguió el curso del arroyo y después del río hasta que llegó al mar.
– ¡Qué maravilla! dijo fascinado, olvidando la fatiga del viaje.
Los primeros momentos que Pirulí pasó en el mar fueron fantásticos.
– Le parecía que todo era más bonito que en el campo.
– Pero cuando cansado, trató de posarse y buscar alimento, empezaron los problemas.
Siguiendo los consejos de la gaviota, se posó primero en el mártil de un barco.
– ¡Qué horror! decía-. En el bosque los árboles no se mueven tanto.
Después quiso probar el pescado.
– ¡Ají! exclamó con repugnancia-. ¡Nunca podría comérmelo!
Y se dio cuenta de que en su casa no se estaba tan mal.

