Soñaré con un sueño de plástico en donde voy a la Playa de Montesinos a hacer la autopsia de mi propio cadáver, al que tengo que rescatar entre las oleadas de basura irresponsable que bajan por el río hacia un mar que por venganza lo devuelve todo.
El calor me golpeó de lleno al salir de la terminal aunque la nostalgia fue peor y tanta que de a poco fui retornando al área de reclamo de equipaje y allí no sé ya si fueron las lágrimas, el calor o la humedad pero estaba empapado. La decisión allí era regresarme o salir así que me armé de valor y tomé un taxi.
El viaje camino a la ciudad fue por la Autopista las Américas. Nos detuvimos por unas cervezas y el taxista no paraba de hablar. Por comentar algo hablé sobre el clima y cité una novela en donde se resalta que en ningún otro lugar del Mar Caribe el agua consigue esa combinación de tonos turquesa que tiene el área conocida como La Caleta.
No por mucho tiempo, dice el taxista pidiendo dos cervezas más y regresando al vehículo. Digo que no entiendo y él explica que si las cosas siguen como van todas las playas del país van a cerrar, ya empezó mala la cosa en las playas de Güibia y sobre todo Montesinos, ya lo verá usted pronto.
El taxi va raudo por Las Américas, cae la tarde, tomamos la avenida España y antes de cruzar el puente flotante y entrar de lleno a Santo Domingo, puedo ver las oleadas de basura bamboleando serenamente sobre la superficie del mar.
La coincidencia del lugar es enternecedora y terrible. Hablamos de la confluencia entre el río y el mar, justo en el lugar por donde más de 500 años antes los colonizadores españoles reclamaron esta parte del mundo para ellos. El lugar exacto del Fucú que nos hace viralatas hasta el día de hoy.
El monumento a Montesinos es significativo porque allí empieza o termina, dependiendo, el Malecón. La playa bajo la estatua ha estado sucia desde que tengo memoria, si por memoria puede llamarse a esta cosa melancólica que me traiciona la mejor de las veces.
Incluso en mis años de juventud soñé con hacer una campaña de limpieza en el lugar, ya que allí iban a parar los desperdicios de la ciudad que son lanzados al río Ozama.
