Danilo Cruz Pichardo
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Las organizaciones nacidas del PRD –excepto el PLD– no han tenido éxito electoral, pero las circunstancias varían y el doctor Tolentino Dipp pudo tener sobradas razones para sugerir la creación de una nueva entidad política, la cual estuviera en proceso de crecimiento y serviría de instrumento aglutinador de las fuerzas democráticas.
El pesimismo, empero, se adueñó de importantes líderes perredeístas, cuyo apego a la histórica sigla (secuestrada por Miguel, Leonel y el PLD) sólo serviría para legitimar los resultados de eventos internos fraudulentos, que montaría el presidente del PRD con el seguro aval del TSE.
Muchos perredeístas exhiben indecisión, otros están al acecho de las ventajas individuales respecto a cargos partidarios y/o candidaturas legislativas y municipales. La mayoría terminaría fracasando y sumida en el arrepentimiento de haber sido cómplice de una empresa en la que sólo se vislumbra un seguro ganador: Miguel Vargas Maldonado.
El traje a la medida que se confecciona Miguel es inevitable. Seguirá en la presidencia del PRD y en el 2016 encabezará su boleta. Vargas Maldonado sabe que jamás obtendría el 40% de los comicios del 2008, lo fundamental para él es el flujo de recursos económicos que manejaría en su doble condición de candidato y presidente de la organización.
El PLD gobernante está desacreditado, pero ante la ausencia de una organizada y auténtica oposición, podría quedarse por lo menos cuatro años más a partir del 2016. Aún surgiendo una nueva fuerza que aglutine el descontento, el PLD cuenta con la JCE. Y si algo falla ahí están los “magistrados” del TSE.
Ese panorama estimula a muchos dirigentes del PLD a buscar la candidatura presidencial. Las primarias del oficialismo, para escoger a su candidato presidencial, crean más expectativas que la propia contienda electoral del 2016, porque al paso que vamos es para “chuparnos al PLD por mucho rato”.
