Opinión

¡Pobre ciudad capital!

¡Pobre ciudad capital!

La Capital de la ciudad es un arrabal, una pesadilla, y, si Dios no salpica sus santas manos, lamentablemente, junto a otros municipios y provincias, la primada de América en poco tiempo se convertirá en “Sodoma y Gomorra”. Cuando Jesús fue al templo, comprobó viendo el desorden y las vagabunderías allí existentes, expulsó a los mercaderes que habían propiciado desórdenes y lujuria, contrario a los sabios predicamentos del manso y Divino Rabit de Galilea.

Para citar pocos casos:  Gazcue, Arroyo Hondo, Ciudad Nueva, San Carlos, Villa Francisca, y diversos sectores periféricos en la ciudad capital, son un zoológico.

Los vehículos ocupan las aceras y contenes y parte de los parqueos de edificios y viviendas privadas y se paran en lugares prohibidos, un grupo de personas y comerciantes exhiben sus mercancías y productos en las aceras, teniendo los transeúntes que  caminar por calles y avenidas peligrosas. Por doquier hay chatarras, hierro, arena y tierra, gomas, y las llamadas guaguas voladoras, vehículos a excesiva velocidad como la “jonda del diablo”, que parece ser de los dueños de algunas ciudades del país, y ha dicho “El Nacional” el 29 de febrero, “Los motociclistas se convierten en los terroristas del tránsito”; no se respeta nada. Inclusive, un lugar sacrosanto, como la Puerta de La Misericordia, donde  Mella disparó el trabucazo el 27 de febrero de 1844, Hay personas tomando ron y cervezas y jugando dominó.

Así, en otros lugares, como es el caso de  Los Prados, opuestos a construcciones de envasadoras.

Dolorosamente, Santo Domingo es un caos, casi un infierno, un mercado donde se burla e irrespeta el nombre del Padre de la Patria y del gran José Martí; basta transitar por dichas avenidas, el parque Enriquillo y otras calles y lugares de esta aun bendita ciudad.

El dominicano no ha sido educado para el comportamiento cívico responsable ni para el cumplimiento de las leyes. (Diario Libre, 29-2-2012).

Por doquier hay  negocios y chucherías colocados al margen de las leyes y la Constitución, de dominicanos y extranjeros, desórdenes y sinvergüencerías, la basura es lanzada a cualquier hora por una parte de los moradores. Necesitamos la dictadura de la Ley.

Los comerciantes de la calle El Conde y otras personas, con razón, se han quejado de estas barbaridades, así diversas instituciones y ciudadanos que no saben donde acudir, a no ser a los medios de comunicación, pero muy pocos escuchan los alaridos, desesperación e impotencia de tantas mujeres y hombres nobles, que residen en sectores residenciales y otros lugares, pero no pueden vivir en sosiego.

 Los “colmadones” y negocios causantes de muertes, enfermedades e internamientos en clínicas y hospitales, aunque no todos, solo les interesa percibir dinero, jamás sus vecinos, viviendo como “chivos sin ley”.

En la avenida 27 de febrero  esquina Isabel Aguiar,  “Pintura”, es un desastre y el kilómetro 9 de la autopista Duarte, en el puente peatonal, donde haitianos y dominicanos venden de todo.

La prostitución, niños y niñas comprando bebidas alcohólicas, visitando hoteles y casas de cita, da pena.

¿Quién nos liberará del estercolero?

Llamamos a las autoridades a actuar sin contemplaciones, aunque sin maltratar.

El Nacional

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