Opinión

Pobre policía

Pobre policía

“Policía mata otro”, dice la prensa fríamente. El “otro” es hijo de un campesino,

Tal vez de un obrero.

Poco importa.

No tiene nombre ni apellido.

Por eso es “otro”.

“Policía mata estudiante”, dice el titular del periódico.

El estudiante viene de un pueblo lejano y triste,

donde el sol quema la esperanza al caer la tarde.

Es  hijo de un campesino.

Tal vez de un obrero.

Poco importa.

No tiene nombre ni apellido

Por eso es “un estudiante”,

Un estudiante pobre,

de una universidad de pobres,

donde hacia surcos el porvenir asesinado.

“Policía mata tres en intercambio de disparos”, publicaron los diarios.

Nadie preguntó sus nombres ni sus apellidos.

No tenían.

Las fichas policiales determinaron su muerte.

La noticia ya no es noticia

Sucede todos los días.

Pan nuestro del llanto y el dolor.

Intercambios de disparos.

Limpieza social, dijo un cura en su sermón.

Cada jefe policial tiene un cementerio tatuado en su pecho.

Las medallas en el uniforme no mienten.

Se las ganan matando pobres en barrios pobres.

El poder le regala un trofeo en el salón de la muerte.

Pero, que nadie se equivoque,

no es la Policía que mata pobres en barrios pobres

El Policía  dispara un arma que otro controla.

El Policía que dispara es tan pobre como el pobre que mata.

El Policía mata para defender fortunas de gente que no conoce.

Sicario del poder.

Al Policía le enseñan que “el civil no es gente”.

El civil pobre, el que anda descalzo, el que muere de hambre,

el que llora cuando ve la muerte temprana,

el que busca trozos  de su vida,

 el que huye de su propia miseria.

Un Policía es un pobre que mata otro pobre.

Se mata a sí mismo con el arma que mata a otro.

Pobre Policía que matando se mata.

Pobre Policía, sicario del poder.

Pobre Policía…

Se cree Dios porque puede matar.

Pobre Policía…

Pobre diablo…

El Nacional

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