Opinión

Pobre señor Guerra

Pobre señor Guerra

José Antonio Torres

Cualquier expresión artística puede y debe ser utilizada como un instrumento de difusión de ideas, como un arma de combate y una herramienta útil de construcción social y de denuncia ante las injusticias cometidas contra los pueblos indefensos.

Debe serlo hoy como lo ha sido a lo largo de la historia en infinidad de ocasiones, desde el pincel de Pablo Picasso retratando los horrores del fascismo, hasta los versos que Miguel Hernández dedicó en tantas ocasiones a los trabajadores.

Decía el cantautor chileno Víctor Jara que él no era un artista, sino un trabajador de la música, pero un trabajador con una conciencia muy definida.

Sin embargo, hay artistas que hacen otro tipo de música, aquella para acumular fortuna, sin mirar a quién sirve o a quién daña. ¡Poderoso caballero, don Dinero! Esa es la que se conoce como música comercial.

La música comercial sería toda aquella que se escucha en los medios de comunicación y que se hace con la principal finalidad de vender o lucrar. Ese tipo de música es escuchada por casi toda la gente, pues normalmente parte del estilo que agrada a mayoría de la población, aparentemente contagiosa y en la mayoría de los casos romántica.

Sin embargo este tipo de música también es usada como elemento de manipulación y control de la sociedad. Existen teorías de que la música comercial sirve como una distracción para otros tipos de problemas más serios.

De ahí que lo que ocurrió el pasado viernes en la frontera entre Colombia y Venezuela fue una acción artística comercial, financiada por Estados Unidos a través de «empresarios independientes» y artistas que participaron de manera «gratuita».

Lamentablemente entre ese grupo de artistas estuvo nuestro Juan Luis Guerra, quien en el país se ha mantenido al margen de la política, pero voló 1,637 kilómetros para cantar a favor de un grupo de golpistas y en contra del pueblo venezolano.

No creo que la motivación haya sido económica, porque creo que a Juan Luis dinero no le falta, pero si fue eso lo que primó no me queda más que decir ¡Pobre niño rico!

Sin embargo, si su actuación fue en solidaridad con los intereses estadounidenses y de las grandes empresas venezolanas, entonces respeto esa decisión, porque tanto se puede ser revolucionario como reaccionario.

El Nacional

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