Opinión

Pocas veces equivocado

Pocas veces equivocado

(III)

Luego de la publicación de “La Mañosa”, como señalamos con anterioridad, Juan Bosch pasó a ser el orientador de la cuentística antillana y dejamos constancia, como algo significativo, que en este mago del cuento es la asombrosa facilidad con que transita del escenario, los personajes, las costumbres y el lenguaje de la sociedad rural al del medio más complejo y deshumanizado de la sociedad capitalista; particularidad que aunque la realizó Horacio Quiroga no lo hizo con el profundo contenido social de los cuentos, narraciones y novelas que escribió Juan Bosch y que después, siguiendo esa escuela, lo hicieron intelectuales de la categoría de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y otros de la excelente colección de cuentistas y novelistas que ha producido hispanoamérica.

“La Mañosa”, “Camino Real”, “Dos Pesos de Agua”, “Todo un Hombre”, “Los Amos”, “El Funeral”, “La Nochebuena de Encarnación Mendoza” y “El Socio”, reflejan el dominio del autor del medio donde crea y sitúa sus personajes; tanto en el orden del escenario como el de los mismos personajes, sean estos hombres o animales, como en el caso de “Yeyo”, en “Todo un Hombre” o de “Joquito”, en “El Funeral”. Juan Bosch se crece de manera extraordinaria en esa narración antológica que es “El Socio”, todavía desconocida, ahora más que nunca, en nuestro país, consecuencia del retroceso cultural del pueblo dominicano. “El Socio” es uno de los trabajos de Bosch que más ha impresionado al autor de esta columna, porque conocimos el escenario, uno de sus protagonistas y las creencias que dieron lugar a la obra.

“El Socio” nos causó profunda impresión, porque en el viejo Adán Matías identificamos al pueblo dominicano, valiente, decidido, astuto y generoso, expresión de su real existencia material, capaz de aliarse con el mismo demonio, si fuera necesario, para quitarse de encima a quien le engaña y explota. Por otra parte “La Muchacha de la Guaira”, “Un Niño” y “El Hombre que Lloró” son expresiones de ese don admirable que tenía Juan Bosch de transitar del medio rural, crudo, simple, humano o inhumano, como en “Los Amos”, al más complejo, agresivo y displicente de la sociedad capitalista, pero captando al mismo tiempo, desde una óptica hispanoamericana, ese proceso de cambio como revelan muchos de sus cuentos, visión y estilo que lo distinguieron cada vez, en esos momentos, como un verdadero maestro del género del cual había aprendido todos sus secretos y como arte muy difícil, a manejarlo con profunda sensibilidad.

Solamente con esos cuentos y narraciones era Juan Bosch acreedor, hace muchos años, del Premio Nobel de Literatura; pero como no fue nunca en su digna, honorable y valiente existencia un avalador incondicional de la llamada “democracia representativa”, vapuleada en el largo proceso de la Guerra Fría, no fue tomado en cuenta y mucho menos aceptado, para recibir ese galardón.

 

Euclides Gutiérrez Félix
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El Nacional

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